De bananos

Viñetas de repúblicas bananeras:

Se da el segundo debate entre seis candidatos al gobierno de un estado importante dentro del país. Hay seis candidatos de los cuales, dos son los que tienen las verdaderas oportunidades de triunfo. Uno de ellos es el favorito, no por su falta de carisma y su imagen prefabricada y plástica, sino por el enorme aparato político y el dinero que se ha invertido para lograr su éxito.

La otra, nula de ideas y de habilidades, se cuelga del imán avasallador del dueño de su partido y de su destino. Los otros parecen comparsas pero, la mayoría, no lo es. El partido conservador tiene como representante a una ex candidata presidencial. Dios Mío, hazla buena candidata!, parece el deseo de su organización. Pero lo que natura non da, Acción Nacional non presta, la oración falla y, con ello, la esperanza de la grey. Igual que falló hace seis, 12, 18 años.

Uno más se sacó la rifa del tigre y ha crecido por su talento pero, también, por el aire caliente que le han dado para quitar votos a la maestra sin cariño.

Los otros son escenografía y actúan como tal. Grotescos en momento, se burlan y cuestionan no ideas sino apariencia. Al final, la papelería gana el debate ante el abuso de cartulinas y el desierto de ideas. Desierto que retrata el flaco futuro del estado que, hoy, es la cereza del pastel.

Al mismo tiempo, una democracia se pudre para ceder su sitio a una nueva república platanal. El jefe de la máxima autoridad en investigación judicial se encuentra a miles de kilómetros de la capital. No es raro: debe regresar hasta el día siguiente donde, una vez más, debe comparecer ante un senado sometido a los designios de su dictador en potencia.

La comparecencia será sobre el tema de moda: como su mandatario tuvo un equipo de campaña que se creyó lo suficientemente inteligente como para negociar con su peor enemigo global la caída de su peor enemiga local. La política hace los más extraños compañeros de cama.

De pronto, al fondo del salón donde el personaje departe con compañeros investigadores, la televisión informa algo que parece una broma al inicio. Su jefe lo despidió por las mismas razones que, meses atrás, lo había felicitado. La renuncia no es de manera personal o tan siquiera telefónica, una carta en mano de un asistente redondea el trámite.

Las hordas defienden y atacan la decisión que, sin duda, daña la ya de por si cuestionada democracia de dicha nación.

A lo lejos, solo se puede pensar que París bien vale una misa y una nueva política. Vaya que la vale.

  goliveros@me.com