La autodefensa del político

Sábado. 8 de la noche. Cinemex Punto Sao Paulo. El cine está lleno de asistentes que desean ver la última película de David O’Russell o el bodrio con música de Juan Gabriel. En el vestíbulo del primer piso, dos hombres están sentados en la pequeña sala de color blanco que el establecimiento puso para descanso de sus clientes. Son un par de escoltas, de guardaespaldas, de guaruras. Ambos, esperan a un político que se encuentra en una de las salas.

Es la autodefensa del político.

Durante la semana, el PRI decidió -en lo que se vio una clara maniobra y manotazo de Aristóteles Sandoval- dar marcha atrás a una estupidez enorme de sus legisladores. Tras de volver difusa y prohibitiva la información sobre el dinero destinado para las casas de enlace, alguien les recordó que era el camino al descrédito ciudadano y, por fin, renunciaron a un dinero que no merecían.

El escándalo de dichas casas se dio tanto por la investigación que MILENIO realizó como por la insistencia de Miguel Castro de no aceptar ese dinero. Al final, sucedió lo obvio: diputados que compraban rastrillo, golosinas, plátanos y hasta bicicletas. Algunos, para sus gastos personales y, otros, en una clara maniobra proselitista.

Pero los diputados -y de paso, regidores, alcaldes y miembros del gabinete del gobierno del estado- viven en una realidad paralela aún.

Gastos que se promocionó bajarían para utilizar los recursos son dilapidados por otros funcionarios en un descaro brutal.

Cuerpos de asesores de 400 mil pesos. Campañas mediáticas de varios ceros. Equipos de comunicación virtual que cuestan fortunas, todo a partir de los impuestos.

Y eso solo en los que, hoy, son funcionarios. Partidos políticos, asociaciones simpatizantes de precandidatos y paleros y pinacates pagados desde el dinero que no generan dichos políticos, sino de una parte de lo que, día a día, se carga a la sociedad.

Granjas de tuiteros, gerentes de comunidades virtuales, escritores fantasma. La jauría del despilfarro real en el mundo virtual. Hay políticos que no tienen avatar de Second Life solo porque ya pasó de moda.

Es necesaria no una investigación periodística -que se agradece a MILENIO, contra la lentitud de su competencia- sino una ley más clara de destino de recursos y castigo a quien gaste de forma innecesaria.

Es la única forma en que los escoltas desaparezcan y ese dinero -y mucho más de ese tipo de egresos- se use para la seguridad y defensa de quien en realidad lo requiere: La sociedad.