El ángel exterminador

No es raro que en Guerrero pasen cosas irregulares. No es la primera vez que el segundo estado más pobre del país aparece en primeras planas por matanzas, corrupción e impunidad.

Lo sorprendente es que se nos haga habitual lo repugnante. Desde el sexenio de Felipe Calderón, nos hemos vuelto fríos ante las cifras de muertos en refriegas de narcos. El discurso de malos que reciben su castigo tenía su aderezo en el daño colateral que, de pronto, era aceptado socialmente.

Las andanzas del pozolero se volvieron publicidad oficial y la propaganda de amigos y enemigos llevó hasta la locura de presentar capos como mesas de conteo monetario.

Así, los periódicos y noticieros dejaron -en su mayoría- de ver la barbarie como nota importante. Siempre había una nota más irritante que la anterior.

La guardería, el candidato, el presidente municipal, el secretario, el diputado. Lotería fatal que el gobierno de Peña intentó maquillar.

La dialéctica de Peña Nieto era sin aspavientos. Mover a México era mover abajo de la alfombra el problema de inseguridad.

Revistas y publicaciones alternativas debieron de tomar aire y convertirse en la zona donde la denuncia y la investigación quitaran la tonalidad rosa. Esquire puso a Eruviel con chapas naturales y VICE ha contribuido a poner en jaque la versión oficial.

En todo esto, llegó Iguala.

Ciudad olvidada desde la inauguración de la Autopista del Sol, Iguala se convirtió en refugio de narcos y sus apadrinados. Ahora, la ciudad donde los paseantes hacían escala en los 80 antes de llegar a Acapulco nos recuerda la impunidad a pleno en que vivimos.

Porque la desaparición y muy posible ejecución de jóvenes de Ayotzinapa en esa, la antigua capital guerrerense, es solo el colofón de un tiempo donde sus habitantes han vivido bajo el control territorial y político del narco. Obvio es que los alumnos no buscaban la confrontación con los Guerreros Unidos y dueños del territorio, pero algo falló de forma enorme como para que la orden -por encima del conocimiento del impuesto alcalde, según la primera versión- fuera asesinarlos.

Que el gobernador sepa santo y seña de cómo fueron las ejecuciones y no supiera del movimiento criminal habla de ineficiencia...o complicidad.

Y en el caso de Guerrero cabe más la segunda.

APUNTE FINAL- Un adolescente se suicida el viernes pasado en Oblatos. Ni una mención en el festival contra el suicidio. Anoten tres más en lo que va de la semana. De ese tamaño el engaño.