De alcaldes

Se le dio el título del mejor alcalde del mundo. De hecho, así salió calificado al terminar su gestión como Jefe de Gobierno del Distrito Federal.

El camino estaba hecho para que Marcelo Ebrard llegara, primero, a la dirigencia del PRD y, de ahí, a competir por la presidencia del país contra un desgastado López Obrador y un tapado que traería al aparato de su lado, pero no la simpatía de un sector poblacional.

Parecía todo calculado por Ebrard, hombre que siempre había tenido buen sentido político.

Pero la venganza es un plato que se toma frío.

Joel Ortega y los Chuchos encontraron el talón de Aquiles de Marcelo en los rieles de la línea 12. El mejor alcalde del mundo había cometido errores garrafales que no le cubrirían sus enemigos llegados al poder.

Errores con el fin de ser el mejor alcalde del mundo.

Ahora, los datos matan el título: construcción a capricho, gastos sin comprobar, desvío y hasta negligencia.

De forma elegante, el dictamen sobre el desastre que raya de Tláhuac a Mixcoac la Ciudad de México evade el nombre de Ebrard Casaubón y de otros que estaban en la primera línea de fuego. No por cortesía sino como vacuna: Marcelo debe tener más de una ficha de cambio en donde podría hacer patinar a más de uno de sus enemigos.

Fichas que, incluso, juega en los canales que han sido sus aliados siempre. Ebrard no responde preguntas de periodistas, pero conversa sabroso con conductora de noticias de izquierda que, aún ahora, parece no tiene piernas para investigar qué pasa en la línea 12. De nueva cuenta, el ex jefe de gobierno actúa como el mejor alcalde del mundo.

Aunque, si lo pensamos bien, así actúan todos.

Esta semana, presidentes municipales de la zona metropolitana de Guadalajara dieron sus informes. Rendición de cuentas con la sociedad donde el oropel fue puesto por sus seguidores y simpatizantes, mientras que la crítica y el show lo montaron sus adversarios.

Esto, sin importar mucho la incomodidad de los ciudadanos que, hartos de los pleitos políticos, claman por mayor seguridad, calles transitables, transporte público decente, educación y salud a la altura de los impuestos pagados, combate real a la corrupción y menos propaganda de todo tipo que exalte los logros y ataque al contrario.

A los actuales alcaldes de la ZMG les queda alrededor de un año, periodo donde algunos buscarán posicionarse para continuar en la grilla. Habrá quienes tengan éxito -como Margarita Arellanes, la que le dio las llaves de Monterrey a Jesús- y, otros, pasarán al olvido.

O al banquillo...