Valencia y su pequeño priista

Permitan platicar un episodio personal.

Durante 2012, en el transcurso de la campaña electoral, un colaborador de mi programa de radio me informó que Augusto Valencia deseaba una entrevista conmigo. Le dije que podía ser, pero debíamos revisar la agenda ya que ésta se llenaba con otras conversaciones que habíamos pedido con antelación con los candidatos a la gubernatura.

Valencia me contactó a través de redes sociales. Al no concretarse la entrevista debido a esos problemas de agenda, el opaco candidato decidió insinuar que era por una cuestión económica: No me había llegado al precio.

Ese mismo día, el último permitido para hacer entrevistas, Enrique Alfaro lo desmintió e, incluso, mencionó al aire que el “le daba un coscorrón y lo aplacaba”.

Desde entonces, Augusto Valencia es el bufón de Movimiento Ciudadano.

Ganó una regiduría no por su talento, carisma o simpatía con el electorado sino por el arrastre de pertenecer al partido de Alfaro. En su puesto ha hecho todo por ganar reflector. Nada le ha funcionado.

Cada acción lo hunde ante los ojos del electorado y lo retrata en su pequeña figura y futuro.

Pero, aún pequeño, Valencia tiene su pequeño priista dentro.

Opaco, nunca dijo que cobraba un sueldo como profesor de tiempo completo en el CUCEA, labor imposible de lograr si es regidor y más del tipo escandaloso como Valencia. El problema no es tener dos trabajos -muchos mexicanos los tienen ante la precaria condición-, sino que ambos sean en el gobierno y por funciones que no se ejercen.

No es dobletear el asunto sino ser aviador.

Desde los cielos que surca como aviador, Valencia descalificó los datos y tildó de corruptos y vendidos a los medios que desnudaron su opaco actuar. De nueva cuenta, el pequeño priista que adentro tiene intentó callar a quien lo desnudó en su fraude y mentira.

Me pregunto si, a los demás medios, Valencia revierte como en mi caso: ataca y difama pero, en lo oscuro, pide reuniones y ofrece disculpas ante las calumnias que, diario, segrega desde su poco visitada cuenta de Twitter.

Insiste en un derecho de réplica que, debiera saber, no tiene reglamento y, por ende, obligatoriedad. Esto, seguido de una campaña en donde utiliza la cuenta de su padre para perseguir a quien le pide algo que su priismo interno le niega: congruencia.

Augusto Valencia y Elisa Ayón. Regidores jaliscienses opacos, mentirosos, cínicos y fraudulentos. Defraudan a la sociedad y se visten de pureza cuando comparten el mismo lodo.

Una, en los panteones, el otro como bufón. Los dos, en el estiércol de la política que debemos denunciar.

Aunque les duela.