Nuestros Trumps

"Con nadie se disculpa Donald Trump", afirma en un muy enojado comunicado Roger Ailes, el creador de ese concepto deforme de libertad de expresión llamado Fox News. “Aunque, en este caso, debiera hacerlo”, finaliza. Ailes se refiere a la nueva pelea del puntero en las encuestas republicanas para ser el candidato a la presidencia norteamericana.

Irónico y grosero, Trump insultó a la conductora Megan Kelly a su regreso de vacaciones. Kelly cometió una falla que el dictatorial corazón del millonario no perdona: lo desnudó en su pequeñez de discurso. Horas después, el empresario expulsó a Jorge Ramos de su conferencia de prensa desde el desdén del que sabe que nadie más se atreverá a salir del recinto. Y es que el odiar al periodista que no te complace es cosa común para el político en cualquier parte del mundo, sin importar tendencia política o popularidad.

Nos quejamos de Trump y cuestionamos sus métodos para dirigirse a medios y periodistas, pero es una práctica común que, en México, el poder intente arredar al que piensa distinto desde los medios.

Una investigación periodística desnudó los intentos de un delegado capitalino por golpear a periodistas y locutores que lo evidenciaran en su mala actuación. Para dichos propósitos, el político se auxilió de ¡otro reportero! y de una agente de relaciones públicas.

La denuncia evidenció al priista pero no causo ningún tipo de investigación penal o política. Al parecer, sus pares -aliados o enemigos- andan algo ocupados en cosas más importantes dentro de la grilla natural del país.

Grilla que hace que programas de radio desaparezcan, estaciones sean perseguidas por las mismas autoridades y directivos que debieran protegerlas, diputados que apenas entrarán en funciones ya tengan en la mira a comunicadores para amedrentar y perseguir y “activistas” que, en su cinismo disfrazado, usan puestos ciudadanos para proteger el puesto político obtenido por sus parejas sentimentales.

La poca protección a periodistas no solo se da en niveles de persecución gubernamental. Desde 2006, las listas de filias y fobias hacen casi imposible la convivencia de un sector periodístico en lugares abiertos de grandes ciudades puesto que, sin remedio, los gritos de “prensa vendida” se anteponen a la razón. El pueblo bueno que habla a través de la condena donde la sentencia se da a grito abierto.

Y, aún con todo, también se da el otro lado de la moneda. Una multimillonaria contra el comunicador más visto en el país. Ambos se acusan de corrupción. La historia no acaba pero, de ganar ella, el balance de fuerza mediática sufriría un cambio radical.

Pero, al parecer, aquí también hay un Ailes en defensa de su periodista.

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