Tarde de (tiro al) blanco

Pocas calles he recorrido de forma tan minuciosa como la avenida Chapultepec en Guadalajara. Simbiótica y sincretista, Chapultepec refleja lo diverso, lo vital y moderno de la sociedad tapatía.

El sábado pasado volví a recorrer Chapultepec de forma distinta. Estaba en una fiesta que no era mía no porque no la hubiera convocado, sino porque la motivación iba en contra de lo que significaba mi carrera, mi ideario y lo que es, hoy, la población que visita la avenida semana tras semana.

La calle se volvió a llenar de público diverso, heterogéneo en origen, clase social y aspiraciones. No obstante, todos iban con una sola idea: no a la adopción homoparental.

Porque si bien el mensaje primordial era más inocente e inclusivo, el germen de todo se podía ver en algunas pancartas que se encontraban en la vanguardia de la marcha. Marcha que invitó a familias enteras que, de forma festiva, repetían que la iglesia estaba presente.

Y con las familias ibas pastores, monjas y curas. Y con los mexicanos iban extranjeros, españoles y polacos. Y con los tapatíos iban al lado de chilangos y michoacanos que, entre sábado y domingo, dejaron la ciudad.

Y todo esto tiene, al final, otro ganador. Es entendible que familias tapatías estén preocupadas por el futuro y estabilidad de la sociedad en la que se desarrollan. Entendible que vean en riesgo la estructura, más aun cuando dicha estructura está amenazada... según el discurso político de ciertas agrupaciones.

Por un lado, la Iglesia. Si el Papa Francisco anuncia que no es nadie para juzgar a los homosexuales, al parecer dicho memo no le llegó a los jerarcas jaliscienses.

En una de esas el memo se perdió en la burocracia de la alta esfera eclesiástica tapatía que aún se debate entre el poder del Cardenal Robles y la grilla no resuelta de Juan Sandoval. El cardenal emérito de la ciudad tiene aún una influencia que ejerce de forma interna y externa, a través de aliados políticos muy conocidos.

No por nada, José María Martínez y Fernando Guzmán apoyaron de maneras tan abiertas la marcha del fin pasado. Un PAN en migajas requiere de una radicalización urgente si desea figurar en 2018. Los políticos mencionados se juegan el resto en búsqueda del control de un instituto arrasado por escándalo de corrupción y torpeza.

Torpeza que no los deja ver que Guadalajara es otra. Es la que no llena Chapultepec en una marcha por los niños, sino cada fin de semana en una fiesta distinta.

Que la llena cada 212.

La marcha apenas fue el inicio de una batalla no por a calle, sino por el futuro. Hay que estar del lado correcto de la historia.