Strip político

Los astros se alinearon esta semana y varios políticos tanto en México como en los Estados Unidos salieron de las sombras para decir “sí, sí quiero ser presidente”.

En el caso de la Unión Americana es explicable tras los acontecimientos del sábado pasado. Hillary salió a las orillas de Manhattan para tomar distancia de los Demócratas actuales y de ella misma en el pasado. Dejó atrás la manta conservadora y trazó un camino complicado ante defensa de minorías y desprotegidos económicos. Regularizar migrantes, subir salarios, defender a mujeres y a homosexuales. Pokar mortal para un político común.

¿Por qué lo hizo entonces la señora Clinton? Contraste. La Hillary del 2008 jugó a lo seguro y, en la tibieza, perdió la oportunidad ante un Obama que pisó acelerador en el tema más delicado de todos: la economía. La debacle bursátil y el pasmo de Bush fue perfectamente utilizado por el joven senador para arrollar a otros candidatos que, de forma sencilla, no querían arriesgar los favores financieros de sus mecenas.

Ahora, con dinero bajo el brazo, ella cambió la ruta. El tiempo dirá si va a soportar año y medio de persecución discursiva ante temas que a un electorado enquistado le da urticaria.

Electorado al que van los otros. Jeb se quitó el apellido y rodeó la idea de ser presidente a través de un Jimmy Fallon lleno de botox y de votos del medio oeste norteamericano. Viralizó un sketch viejo al que le puso ganas y acento mexicano.

Acento que no podría, no de broma, ponerle Donald Trump. El habitante del piso 66 de la torre que lleva su apellido en la quinta avenida de NYC se lanzó con un discurso digno de panista conservador. Reaccionario, mocho y unidimensional, Trump insultó tanto a los distintos que logró el objetivo de polarizar a la sociedad. López Dóriga lo considera un Dr Simi versión gringa, la prensa de su país un Lagrimita región uno. La verdad: tiene el dinero para ser un dolor de cabeza.

En México, Margarita Zavala se convirtió en la jaqueca de muchos. Adelantó el reloj sucesorio lo suficiente como para sacar de control a los inquietos y, con ello, aceleró el fin del sexenio peñista. Mancera respondió con una salida ya no en falso, pero fallida: Margarita trae como beneficio la corta memoria histórica del electorado y Mancera, al contrario, tiene a sus espaldas el fantasma de Morena y el candidato eterno López Obrador.

Y mientras tanto, los priistas siguen la máxima de no moverse para salir en la fotografía sin darse cuenta que, hoy, la selfie es la tendencia.