Sidral por cerveza

Una de las frases más recordadas de ese primer debate presidencial del 94 es aquella donde un adusto Cuauhtémoc Cárdenas relata cómo, en un evento del candidato Zedillo, se le había ofrecido a los asistentes vasos de cerveza para, al final, rellenarlos con refresco de manzana.

“Que no les den Sidral por cerveza”, advertía el ingeniero a nivel nacional arropado por una escenografía gris que albergaba a un aterrorizado Zedillo y un embravecido Jefe Diego.

La advertencia no sirvió: Zedillo arrasó ese 21 de agosto y Cárdenas acabó en un lejano tercer sitio.

El engaño es típico del político, lo disfruta como parte de su forma de vida. Desde la impudicia y la indecencia, los que detengan y quieren el poder engañan de forma abierta o tergiversan la verdad.

“Un nueva generación de políticos”, “aceptamos que falta mucho por hacer”, “demostraremos que no se necesita presupuesto para una campaña” y, claro, “porque estás harto de los políticos, vota por un payaso”. En cada una de las frases hay una mentira.

Nueva generación que viene del reciclaje. Ex funcionarios que aceptan su ineptitud y criminal actuar donde la pobreza es activo y no enemigo a combatir. Ciudadanos que quieren saltar al congreso no para negar el presupuesto sino para vivir de él. Actores que reconocen asesorías misteriosas que les ayudan a distraer su principal objetivo: dinamitar una elección.

A eso, agreguen los que ya son candidatos y aún están en funciones, como Augusto Valencia que no suelta el hueso hasta chupar -o sorber, como quieran- lo que quede de tuétano. Sumen a los activistas que viven de dar asesorías a políticos y asociaciones que se nutren de presupuestos de partido...es decir, viven de los impuestos. Penoso el que critica a partir del pago indirecto del Estado.

Faltan tres meses y medio para la elección intermedia. Perdieron meses en un disfrazado teatro de promoción de su imagen y el discurso sigue en círculos sobre buenos y malos, ineptos y capaces, ladrones y decentes, chayoteros y puros. Lo que falta son las ideas que arriesguen y sorprendan. Lo que escasea es la audacia de alguno que cree una nueva forma de liderazgo real, no poético o ficticio.

Un amigo dice que debiéramos pasar a los políticos por un detector de mentiras. Lo pasarían, pienso: ya están muy ensayados.