¡Regale afecto, politiquillo!

Hace muchos años, cuando la Procuraduría Federal del Consumidor intentaba estar más cerca del público y no cargaba con el descrédito del nepotismo, sus creativos lanzaron la mejor campaña para la temporada navideña: “regale afecto, no lo compre”.

Mensaje necesario para un país pobre, pero con una amplia necesidad de demostrar poder adquisitivo, el “regale afecto...” Se convirtió en oración popular en todos los estratos, su eslogan y estribillo era coreado por niños en escuelas y agregaba una materia a los esfuerzos de gobierno de recordar que, a fin de año, aunque la ilusión de mayores ingresos era palpable a través de aguinaldos y fondos de ahorro, todo era eso, un placebo a la crisis económica que impregnaba el ambiente.

La campaña continuó como ejemplo para publicistas y aún la fecha aparece en los medios a finales de año.

El aguinaldo es, en los tiempos de la recesión priista, la tabla de madera a la mitad de un mar de saliva y poca tierra firme. Los políticos han llenado el país de discursos, pero pocas soluciones ante la debacle. Los trabajadores de a pie esperan los primeros días de diciembre para que, con las raquíticas gratificaciones que reciben, puedan pagar parte o la totalidad de créditos que, mes tras mes, se arrastran para estrangular la estabilidad del deudor.

Por ello, ante lo limitado de la liquidez y recursos de la mayoría de los mexicanos, lo oneroso de los aguinaldos de algunos políticos es, sencillamente, reprobable.

El recién remodelado periódico Reforma reporta sobre los montos de aguinaldo que recibirán los funcionarios del Banco de México. Si, los ejecutivos de la institución encargada de, entre otras cosas, regular la inflación, recibirán más de 800 mil pesos en efectivo como su bono anual.

Tan sólo Agustín Carstens -quien fuera secretario de hacienda- recibirá 886 mil pesos. El hombre del catarrito no sacrificará su rol de vida por evitar que los precios se aceleren en el país.

Así pasa con los ministros de la suprema corte y los del tribunal electoral. Con directivos del poder legislativo y, sí, secretarios de estado.

El gobierno pide ajustes de cinturón a los ciudadanos pero evita hacerlo con sus propios miembros. La doble vara del gobierno autoritarista.

A ellos, políticos de quinta, no les molesta su peluche de los comerciales de PROFECO para que crean que les regalan afectos. Les molestará cuando les regalen su desprecio.

Sobre todo en las urnas.