Presidente Alfaro

No, no es broma. Hagamos un poco de cálculo político.

Enrique Alfaro es la figura predominante en la oposición jalisciense.

Es un tipo que se le conoce por los resultados que dio en su gestión como presidente municipal de Tlajomulco, la aprobación que obtuvo de (un reducido grupo de) la población del municipio y por no tener límites en su crítica al poder.

También, por sus posiciones conservadoras en temas polémicos y su juego reservado en cuestiones que pudieran extrañar a mayorías.

Alfaro se confrontó con Raúl Padilla, uno de los dos polos reales de poder en Jalisco (el otro es la iglesia, representado por Juan Sandoval y con falderillo en la figura de Emilio González y compañía).

En un inicio, Alfaro tenía todo por perder. Peleado con el ente que controla el PRD, la salida que encontró para luchar por la gubernatura fue arriesgada. En un partido modesto, arriesgó recursos e inventiva para ir contra el PRI de Aristóteles y el PRD de Padilla. Algunos dicen que recibió una mano del que, entonces, mentaba madres desde Casa Jalisco.

Estuvo a punto de ganar. Pero se puso en posición de ser referente político en el estado.

Ahora, está a punto de serlo en el país.

Alfaro tiene el camino casi listo para participar en las elecciones de 2015. Es tonto pensar que no lo hará y que no buscará Guadalajara como trampolín para su siguiente objetivo: la gubernatura de Jalisco.

Quedarse ahí es ya ocioso. La izquierda en el país ha entrado en un proceso de guerra fratricida que no les beneficia y, cual capítulo de Game of Thrones, elimina semana a semana a cuadros futuros.

Hoy, a excepción de López Obrador, la izquierda del país encuentra a políticos rancios, quemados, inmersos en escándalo de mediocridad, incompetencia o corrupción, grises o inútiles.

A excepción de AMLO...y Alfaro.

Alejado -aún- de la grilla capitalina, Enrique Alfaro podría realizar una buena gestión en Guadalajara y una extraordinaria en Jalisco. De ser así, se volvería pieza natural para la candidatura de izquierda -o de alguna de las izquierdas- en 2024. Entonces, Alfaro tendría 51 años, joven para ser presidente y, por supuesto, mucho más que muchos de los actuales contendientes.

Por ello, se ha vuelto prioritario a nivel nacional el parar a Alfaro.

La ley electoral aprobada a inicio de semana en el Congreso jalisciense lleva dedicatoria. Los mecanismos de coalición y de reelección a partir de 2015 serán usados como ariete para pararlo.

Alfaro tendrá ese escollo. Ese y las alianzas que, hoy, podrían chuparle el presidente como si en lugar de puesto fuera bebida alcohólica.

Y con “bebida alcohólica” ya saben a quién me refiero.