Predicciones

No se necesita ser Mhoni Vidente o Walter Mercado –quien ahora está de nuevo en boga gracias a los comerciales de Doritos- para sacar algunas predicciones de lo que nos espera en 2017. No, no haremos un recuento de desastres naturales y videncias sobre muertos famosos en el año que comienza en unas horas, pero podemos, a partir de los datos que ha arrojado el pasado, intuir a dónde va nuestro futuro.

Los Estados Unidos deberán, pronto, replantear su democracia. Las leyes y reglas que han cobijado sus procesos legales y democráticos han fallado de formas inimaginables hace tiempo. La lejanía de los resultados del Colegio Electoral y del voto popular denotan un rebase hacia distribución poblacional y balances en el Congreso. Al igual que en México, los conservadores nunca aceptarán se redistribuya el poder: la conformación actual les asegura control de votantes de poca cultura y enorme desilusión hacia los políticos que defienden lo diferente.

La persecución a Hillary Clinton por el uso de un servidor personal para sus correos electrónicos se volvió el distractor perfecto hacia los verdaderos problemas del país, los económicos, de valores y, por supuesto, de credibilidad. Ante esto, la gestión de Trump comenzará de forma torpe y brutal, con un Presidente que implementará la fuerza a partir de acciones ejecutivas que dañen minorías y países con economías frágiles, entre ellos México.

La política del país verá en el Estado de México no el laboratorio, sino la carnicería de probeta para 2018. Peña Nieto deberá decidir entre ganar el estado y subir los bonos de Eruviel Ávila o arriesgarlo todo por el apoyo a su primo Alfredo. Coahuila, por su parte, tendrá el factor Moreira que jugará en una cancha diferente: como el verdadero poder del cacique en una región que vivió sus peores episodios de violencia en su mandato.

La economía mexicana no mejorará. Si acaso subsistirá ante el factor Trump y la lentitud de las reformas planteadas en escenarios que no son, ni remotamente, los de hoy. El gobierno se aferra a un diseño a 2018 que no se sostiene y que debería entrar en una dinámica lejana a lo que se imaginó hace tres años. Es difícil que cambie, el temperamento no es el de la movilidad sino de la tradicional rigidez priista.

Sobre los medios y Jalisco platicaré la siguiente semana.

Por ahora, solo queda desearles un magnífico 2017 que opaque lo turbio y vicioso del año que, por fortuna, acaba en día y medio.

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