Política de Apps

La política se ha convertido en ese arte donde la percepción vale más que la acción. Juegos de espejos donde los políticos juegan a fingir efectividad y engañan al electorado de formas diversas, crueles todas. No hay mayor crueldad que la burla cínica hacia quien pone su futuro en nuestras manos.

Así, se crean leyes inútiles que para accionarse deben de sujetarse a la modificación federal; insulto a la inteligencia que será explotado hasta la náusea por quienes saben sus limitaciones que cubren con carisma y falsa inteligencia. Oportunismo en pos del nuevo hueso, política corriente disfrazada de disruptiva.

Disruptiva, como decenas de aplicaciones que llenan memoria de teléfonos inteligentes. Modelo de una economía colaborativa, empresas modestas se expandieron a partir de un modelo económico que busca nuevos consumidores estafados a partir de valores de individualidad y rebeldía. Abajo los medios, arriba los anunciantes. Status Quo a medias es, aún, status Quo.

En el camino, la política ha decidido que debe de ser así: colaborativa. Campo fértil pero minado.

El Ayuntamiento de Guadalajara entró en una polémica con desarrolladores locales sobre su nueva aplicación. Basada en un modelo europeo, el ayuntamiento prefirió usar esa plataforma que la que está en funcionamiento desde hace años.

Comodidad, precio, negociación o simple deslinde de un proyecto bueno, pero con respuesta limitada municipal, el hecho es que el appgate abrió un nuevo flanco a los alfaristas que, ahora, no sólo deben cuidarse de la oposición natural que es el PRI -y, claro, el diezmado y acomodaticio PAN jalisciense-, sino de un sector de activistas tanto preocupados en realidad por lo que ellos consideran como pobres logros de la administración actual como aquellos advenedizos que están listos para saltar a la independencia en comicios próximos en busca del hueso perdido.

El sainete distrajo cosas más importantes, como la reaparición de un cardenal escoltado por sus falderillos ideológicos que, al compás de Emmanuel, inflan la ira contra iniciativas presidenciales. De la misma forma, la polémica eclipsó el pito jalisciense que cierto diputado priista se llevó a la boca en imitación al Dr MAME y en oposición a la opinión del gobernador de su partido.

No era para menos: los políticos necesitan reflector, aparador, micrófono o hasta silbato para salir en los medios. Dar la percepción de que trabajan.

Lástima que sólo sea percepción.

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