Política de balón

Graco Ramírez tiene mala memoria. Hace casi 20 años, Cuernavaca pasó por una crisis de seguridad severa mientras su gobernante era un político emanado de las filas de los cuerpos de seguridad. Ironías de la vida, Carrillo Olea no logró controlar realidad y percepción de lo que sucedía en el estado y en su capital, Cuernavaca.

Zona de descanso de capitalinos, paraíso para Cortés y Barbara Hutton, la Ciudad de la Eterna Primavera no ha visto sus mejores tiempos en las últimas dos décadas. Enmohecida entre políticos corruptos y mediocres, empresarios advenedizos y medios que prefieren tener la ciudad en el oscurantismo que arriesgar hacia la luz, Cuernavaca llora por mejores épocas como lo hacen otras ciudades cercanas como Tepoztlán y otros centros recreativos chilangos como Acapulco.

En el conflicto, Graco -el mismo cuyo mecenas es el oscuro Carlos Ahumada- llegó al puesto que anhelara como fuera: gobernador. Nada fácil y nada digno, el puesto ha sido manchado por individuos que, como Ramírez, parecían grandes opositores, pero al llegar al poder se mareaban como pilotos de helicóptero sin experiencia.

A Graco también le pasó. La contaminación del crimen organizado le llegó hasta las puertas de palacio de gobierno y los escándalos y alertas de seguridad se convirtieron en su discurso cotidiano. Cañón de lobos constante, Morelos fue olvidado por sus habitantes y turistas, pero no por el narco que debe transitar por sus carreteras para llegar al centro en tránsito desde los caminos del sur, donde desde Guerrero la goma de opio es el lucero de la nueva revolución del narco internacional y su demanda por la heroína mexicana.

Tampoco se olvidó de Morelos la grilla. Ahí, un candidato ciudadano con arrastre popular y un partido desesperado ganó -cosa rara- la elección a alcalde ante la pobreza de propuestas y el descrédito en el que viven gobernantes y opositores. Blanco no tiene la culpa de su acción, tampoco el electorado: lo tenemos los medios por no demostrar los talentos para administrar (muchos, pocos o nulos) del candidato que, hoy, ayuda a construir la percepción de que Morelos esta sitiado por la miseria, la inseguridad, el hambre y la peste.

Los jinetes apocalípticos que expulsaron a Carrillo Olea. En la ironía, hace casi 20 años había quien denunciaba a los jinetes y pensaba que, sí, desde la oposición se podía exigir mejora.

Ese alguien era Graco Ramírez.

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