Piñata electoral

De forma sigilosa, soterrada, los partidos políticos han comenzado su camino a la elección del 2015. Sin disfraz pero con panza de Santa, Enrique Alfaro comenzó el domingo pasado como precandidato a pegar calcomanías y luchar contra la percepción que sus compañeros son opacos.

Era claro que lo haría para Guadalajara, pese a las versiones –muy claras en afán distractor– que lo hicieran ver dubitativo entre la problemática capital y la boyante Zapopan. No seamos ingenuos: Zapopan es ideal para saltar al Senado o a una diputación, pero si deseas tener reflector nacional que te perfile hacia la gubernatura en un país donde el PRI domina casi todo, Guadalajara debe de ser tu tirada.

Con Alfaro en camino, también se encuentra su batallón. Algunos que llevan ya mucho tiempo en la tropa y otros que, chaqueteros, ven en el tren alfarista su remolque al presupuesto. No es buena señal cuando el partido que promete el cambio en Jalisco tiene como soporte a individuos que vienen del oscurantismo ideológico. No entiendo como puede caber en la misma fórmula de partido Alfaro y Alberto Esquer cuando este último es un ejemplo de pensamiento oxidado, apolillado, de gran lentitud hacia lo que la sociedad necesita para tiempos en donde la confrontación solo genera discordia adicional.

Si Esquer y su grupo político apoyaron en el pasado a Alfaro, es su problema. El ahora precandidato debiera dejar claro que su línea política no es la de ellos y que debieran de acoplarse a un nuevo pensamiento político y social. Contar con lozas puede funcionar en terreno sólido, pero una campaña es como un lago congelado: en cualquier momento el piso se rompe y las lozas te llevan al fondo.

En el fondo se encuentra el PAN. No entendería que Alfonso Petersen pretenda que siga ahí cuando quien lo precipitó a esos niveles se encuentra ya en el barco naranja. El exalcalde de Guadalajara deberá ser más atrevido y no temer en señalar a los panistas que llevaron al partido hacia el descrédito y, por supuesto, en donde están ahora. Acción Nacional tiene la gran oportunidad de subirse en el repunte que a nivel nacional tendrá su organización, no por sus méritos sino por la torpeza del PRI.

Por último, difícil la tiene Ricardo Villanueva. Difícil pero no imposible. El aparato de UdeG y el del propio Revolucionario Institucional comenzarán a trabajar. El objetivo puede dividirse en dos: convencer o desmotivar. Desmotivar el voto, la idea de cambio, la posibilidad de que las cosas mejoren con alguien más.

Y la forma más fácil de hacerlo es ampliando la foto hacia quienes estaban en ella hace un trienio y quieren volver, aunque sea besando el piso del que criticaban.

Sobre el Sr Cienfuegos...es una mala broma. Tan mala como el tratamiento que le dio a la muerte de una niña en su show en 2008.