Panismo bananero

La de la semana viene desde Querétaro. Un ex funcionario de gobierno, afiliado al PAN, demuestra su enojo hacia el tráfico que se forma en las calles de la ciudad. Despotrica contra los aficionados al futbol soccer y, al final, lanza el epíteto que discrimina.

La historia ya ha sido sobada durante los últimos días. Lo que no es el análisis de cómo, una vez más, Acción Nacional vive vergüenzas por sus representantes.

Y no las ha tenido todas consigo el partido. La pregunta que surge es si no hay, por parte de medios de comunicación, un interés específico por pegarle al partido que, quiérase o no, sería la única real carga de oposición para el PRI en el 2015.

-Eso sin contar el fenómeno de Movimiento Ciudadano en Jalisco que, como otros partidos en diversas regiones del país, son flor de un territorio muy específico. Aunque se diga, el alfarismo es un movimiento muy acotado al territorio jalisciense. Por lo menos ahora-.

Puede ser. En la guerra, el mato y la política todo se vale. El PRI por supuesto que intentará usar las estrategias (sencillas o complicadas) para evitar la toma de posiciones por parte del blanquiazul. Nuevo León y Sonora serían dos posiciones que el Revolucionario Institucional ve con urgencia para preservar y recuperar. Margarita Arellanes -la que le dio las llaves de Monterrey a Jesús- está dispuesta a dar la batalla por algo más que el Cerro de la Silla.

En el caso de Sonora, Guillermo Padrés ha hecho todo lo que el manual dice que no se debe hacer. Entre más declaraciones hace, su actuar es más torpe. El episodio de la presa de 80 metros de cortina evidencia que, por lo menos en su caso, no actuó distinto a como lo haría un priista típico.

Puebla y Querétaro llevan otro talante. Moreno Valle había actuado de forma cautelosa y con sigilo para llegar a su sueño: la candidatura del PAN a la Presidencia. Al igual que Padrés, hizo de Puebla su feudo, pero logró manejar la circunstancia a su favor.

Hasta que una lata de gas lacrimógeno golpeó la cabeza de un menor de edad.

Ahora, el gobernador de cara inexpresiva lucha porque El Niño fallecido no lo arrastre a la tumba política.

Para acabar. En Querétaro el PAN tenía la oportunidad de regresar en la figura de Ricardo Anaya. Ordenado, con agilidad pública y política, El Niño Anaya podía eclipsar el estilo de José Calzada.

Hasta que su compañero de partido Treviño convirtió el territorio en república bananera.

Nadie hace mejor labor para matar al PAN que los propios panistas.

Nadie.