Ocaso de un líder

Hace muchos años fui testigo de la despedida del matador Eloy Cavazos. En un México entre la tragedia de San Juan Ixhuatepec y el terremoto del 19 de septiembre, el adiós de Cavazos era apoteósico. Convocó multitudes, primero en la Plaza México y después en Monterrey, donde saldría en hombros luego de una larga tarde de éxito. Meses después, el matador regresaría a los ruedos, sin el fulgor y la presencia de antes. La salida falsa no fue lo mejor. Al final, se retiraría muchos años después. Ya no con el brillo del primer adiós. Más bien, opaco. Me acordé del torero Cavazos el fin de semana, cuando vi y leí los reportes de la más reciente concentración de Andrés Manuel López Obrador.

Hace una década, el carisma de encantador de serpientes que tiene López Obrador movía a la ciudad a su ritmo. Su discurso y atracción hacía que un sector enorme de la sociedad capitalina lo siguiera, que la nación creyera en la persecución que el gobierno federal tenía en su contra. Ahora, a ocho años de aquel desafuero y de la mayor polémica que ha sufrido un político en funciones en el país, el líder moral de MORENA luce cansado y cauto. Cauto en sus propuestas y en su comunicación. Cauto en la forma en que se conduce en las calles del Distrito Federal. Cauto, incluso, en la forma de pedir al IFE que revise las asambleas para lograr el registro de su organización como partido político.

Incluso, la propuesta de usar redes sociales con un hashtag desluce al candidato eterno de izquierda radical y lo convierte en simple troll de Twitter. Un troll al que presidencia, con una carta amable pero reveladora, lo tilda de autoritario y le recuerda que no es Peña con quien debe negociar sino con el Congreso que, una vez más, ha sido despreciado como inútil y servil. Como a Cavazos, las multitudes se han alejado del matador. Sí, aún tiene una base copiosa y poco despreciable de seguidores y fanáticos. Algunos cuestionan y se preguntan cuál es el siguiente paso del líder de la izquierda. Otros lo seguirán sin cuestionar. El hecho es que, como al torero, muchos dan por muerto a Andrés Manuel. Lo que es un hecho es que, como los toreros, aquí no habrá retiro definitivo. No lo piensa, no lo refleja. Y sí, al momento los apoyos al Sr. López parecen menos, diezmados. Pero si alguien conoce los tiempos políticos es el tabasqueño. Nadie se sorprenda que, mes con mes, pavimente lo que será su nueva candidatura.

Y, ahí, pretenda salir con orejas, rabo y en hombros.

Esa sí sería una corrida larga...pero ideal para AMLO.