Misterios sin resolver

Un país entero desprecia un penal. De hecho, varios; pero el penal al que me refiero es en un juego de balompié. Un encuentro contra una selección que, en papel, es menor que la mexicana. Pero en México los papeles cuentan una historia que no se refleja en la realidad. En este país, los papeles te platican de políticos limpios e incorruptibles, candidatos independientes que no reciben ayuda del gobierno y medios que preguntan hasta incomodar a funcionarios y entes políticos.

Eso no pasa aquí. Nos enteramos del robo de planos de penales -o cárceles, para no confundir- grandes y pequeñas. Años después de hacer reformas de ley, deciden que la estructura estatal educativa en ciertos estados contrapone lo que querían y, ahora sí, la cambian. Candidatos eternos engañan a la sociedad al ofrecer candidaturas de su partido a periodistas sin rigor que rindan su popularidad en investigaciones hechas por su equipo -que ganan 100 veces menos que ella-.

Aquí, una sobrina presidencial consigue un puesto aun antes de acabar la carrera, con un sueldo que cualquiera de sus compañeros de clase no recibirán en años.

Y, por supuesto, los lobos con piel de oveja. Hipócritas que se dicen puros pero que, día a día, les cuesta más limpiar las manchas que su actividad política aunque sus pinacates los defiendan desde la trinchera “ciudadana”.

Así, uno esperaría entrar en el estadio en donde, al igual que la selección y su técnico mediocre, la afición no se dejaría domar -Peña dixit- hacia la corrupción que llegara hasta la ansiedad de llegar a una final.

Sucedió lo contrario. La noche del miércoles, el país decidió apoyar al contrario. Era lo decente. Era lo legal. Era lo que los jugadores y cuerpo técnico debían haber entendido.

Pero el dinero y los intereses del futbol eran mucho mayores en ese momento. Aun ahora. Como lo son los intereses de la política, de las líderes de taxistas, maestros y petroleros. Como lo son los intereses de los capitales golondrinos que prefieren ir a lugares donde el dinero dé más -no solo rendimiento, sino certeza-. Como lo son quienes desean que una estación universitaria sea endogámica y no transgresora.

Un país que quiere ser decente aunque sus gobernantes traten de detenerlo.

El mejor diagnóstico de una época terrible para México.