Migajas

El PAN está podrido. El partido vive un proceso viciado y lleno de acusaciones entre los distintos contendientes que revelan su agudo interés en posiciones políticas más que en convertirse, de nuevo, en una referencia y opción para el electorado.

Ernesto Cordero, Juan José Oliva y -discretamente- Josefina Vázquez Mota entran en carrera contra la cargada que, desde el poder, Gustavo Madero intenta usar para aferrarse a la silla. Por desgracia, los cuatro carecen de visión a futuro y de carisma. Más interesados en conseguir la posición que, en 2018, los lleve a perder, otra vez, la presidencia.

A la mitad, un Calderón que se alista para regresar en disfraz social -tan de moda entre los panistas- y look hipster y, por supuesto, personajes del panismo más oscuro que intentan, como sea, obtener hueso en el siguiente trienio.

El problema es que no han encontrado aún las razones de su pérdida en 2012. No entienden que la sociedad no ve al PAN como su aliado sino como lastre. Olvidan que sus casos de corrupción y opacos manejos son tan claros como departamentos en la zona más cara de Reforma, en la Ciudad de México o de bienestar para su familia como sucede con acaudalados empresarios que, antes, eran parte de la estructura del partido.

Los panistas olvidan que hay un recordatorio constante en cifras y declaraciones sobre sus errores. Su cerebro político actual parece que tiene un escape de las mentadas, los chistes y las frases que marcaron su debacle. Más aun, tan metidos están en su lío interno que creen que este no hiede hasta fuera de sus sedes y sus cotilleos.

Insultan a sus críticos y pagan en redes sociales a misteriosos tuiteros que hablan de hombría y credibilidad, tan perdida la segunda en sus dichos. Se increpan y golpean verbalmente como muestra de su democracia y acusan a los medios de reflejar sus actos cretinos.

Al final, el cinismo ha colmado al Partido Acción Nacional. Hoy en día, no hay una figura nacional que pueda rescatar al partido de Gómez Morín, de Castillo Peraza, de Clouthier.

Y así quieren venderse como fuerza moral para hacer alianzas. Triste el caso para quien lo compra.

APUNTE: Augusto Valencia acepta -tal vez, sin querer- en su réplica de la semana pasada, que no cumple como profesor de tiempo completo -como aparece en la nómina del CUCEA- y que no tiene pruebas de lo que me ha acusado durante 15 meses sobre venta de entrevistas. Obvió decir que, de nueva cuenta, me buscó para “aclarar las cosas”. Una pena su caso de pequeño priista interno.