Libertad acotada

Hace una semana que el Congreso de Jalisco votó la polémica Ley de Libre Convivencia. Vale la pena hacer una serie de apreciaciones sobre ella.

¿Es necesaria? Sí. El país y el estado deben de entrar no en lo que muchos de los que apoyan la ley han adjetivado como modernidad, sino en el mínimo requerido para no entrar en conflicto con la Constitución. A los diputados que votaron en contra de la ley se les olvida que la ley suprema fue corregida por algunos de sus compañeros y, ahora, no hay mexicano menor o distinto de otro. Cierto que las calles no son la ley y que, aún ahora, el homosexual es perseguido y discriminado por empleadores, maestros, compañeros de trabajo, familiares y conocidos. Aún ahora el sesgo con el que se trata a un gay -o a quien sospechamos que lo sea- es peligroso y habla de lo primitivos que somos como ciudadanos.

¿Es lo mejor? No. Es una aspirina para un cáncer legal y social. Los legisladores del estado aún no entienden que no es un favor a una comunidad. Prohibir derechos a un sector es la típica medida conservadora de gobiernos que pretenden controlar el pensar y el decidir de su población para no perder el poder. Aun con la ley de Libre Convivencia, los propios políticos segregan basados en su escala de valores en donde el entendimiento del amor entre dos personas del mismo sexo no llega a su nivel de IQ. Una pareja homosexual, según pronuncia esa ley, no puede adoptar.  Se le prohíbe por ser homosexual.

Como a las mujeres votar antes de los 50. Como a los negros tener derechos. Como a los judíos en la Alemania Nazi.

Los detractores de la ley manotean reportes y estudios sacados de contexto y que, de hecho, han sido desechados por la Organización de las Naciones Unidas. Políticos de conocimiento tan pequeño son los que, ahora, deciden qué hacer con el presupuesto y son los que pedirán el voto -una vez más- en 2015 y 2018. Si utilizan esas trampas para negar derechos ¿Qué otras harán para perpetrarse en el presupuesto? ¿Es mala la discusión? No. Al contrario. Nos deja ver en el nivel de polémica en el que estamos como políticos, medios y sociedad.

Grupos de homosexuales que piden respeto por su individualidad, pero atacan a miembros de la sociedad civil que piensan distinto. El caso Jolette es claro: la ex participante del programa La Academia se ha convertido en la principal vocera de grupos conservadores contra el matrimonio homosexual y la Ley de Libre Convivencia. La respuesta ha sido el ataque íntimo a lo que piensa y a la orientación de un familiar.

Lo mismo que se queja la comunidad, gay pero usado en contra de sus enemigos.

A diferencia de los políticos -a los cuales nosotros les pagamos y debemos denunciar cuando sus intereses disfrazados de valores familiares atentan contra el bienestar general- Jolette es un miembro más de la sociedad. Si se va a discutir con ella, que sea con pruebas, datos y conocimiento. No con la descalificación con base en su historia familiar. Por desgracia, ese proceso aún está lejos de cuajar en Jalisco.

De hecho, está lejos de cuajar en todo el país.