Lágrimas de cocodrilo

La política mexicana ha generado una necesidad bestial por credibilidad. La poca confianza que generan sus políticos motiva que sus partidos busquen, como y donde sea, depredar personalidades de distintos calibres que les den una chapa a su cinismo habitual.

Seamos honestos, son cínicos, no les interesa ni siquiera su voto. Generarán las posiciones y los huesos necesarios para alimentar a sus intereses y compromisos. En realidad, solo desean mantener ante la opinión pública la imagen de que les importa la gente.

De ahí que, ante el óxido de su presencia social, aparecen los futbolistas, los actores, las actrices, los activistas.

Todos con cargo a sus impuestos.

Cinco mil millones cuestan mantener una estructura que, hoy, no es funcional. Estructura en donde van los partidos y los candidatos ciudadanos aunque digan lo contrario.

Porque como precandidatos no tienen presupuesto, pero si logran reunir sus firmas entrarán al juego donde usted y yo les pagaremos su ansias de cambiar el entorno.

Y para lograr ese objetivo, hacen la misma comunicación -hueca, sosa, centralizada en el personaje y no en las ideas- de otros políticos.

¿Por qué le debo dar mi firma a un personaje que solo me dice que es distinto? ¿Porque es artista o futbolista? ¿Porque salió del ITESO?

El payaso correcto contestó una llamada al aire en mi programa de radio. No pasó ni la primera pregunta. En esquizofrénico discurso, Guillermo Cienfuegos entró en personaje de Lagrimita para tratar, una vez más, de defender lo que es obvio: su nula capacidad para entrar en una responsabilidad como ésta.

El problema es como frivolizamos una buena idea. ¿Qué ciudadano va querer usar ese camino si los partidos han arrebatado la iniciativa y la sociedad ha permitido que se contamine de esta forma?

Lagrimita dio decenas de entrevistas. La mayoría fueron suaves y obvias, desde la percepción soberbia de los comunicadores que “solo era una ocurrencia”. Ocurrencia que cuesta dinero en tiempo aire y costará, si se cristaliza, en impuestos.

Más aún, cuesta en credibilidad y construcción de democracia.

Por ello, vale la pena señalar el engaño, de él y de otros que, desde la trinchera ciudadana, replican las conductas indecentes de los que, como ellos, buscan el poder.

PD- sería hora que los candidatos ciudadanos renunciaran a cualquier foro donde, desde su actividad pública, hagan proselitismo a su favor.