El adiós al NAFTA

O, por lo menos, a lo que conocemos hoy como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

Cuando el espíritu de Houston nació en aquella reunión de 1988 entre el Salinas de Santa Teresa y el Bush exitoso los priistas y los republicanos vieron la oportunidad de implementar las políticas de Reagan y Tatcher a nivel global y encontrar caminos donde la desregulación gubernamental ayudara no sólo a crear riqueza sino a dar a una clase política la estabilidad necesaria por los años venideros.

Así, ambos presidentes pusieron manos a la obra para que Serra Puche y aquella mujer de la palanca de terciopelo llamada Carla Hills negociaran la forma en que las fronteras comerciales se abrieran. Por supuesto, la incorporación de Canadá le dio la fuerza para calmar ánimos en la cámara de representantes norteamericana.

El tratado se firmó, pero faltaban las ratificaciones que pasaron por una discusión áspera en las cámaras y frente a las cámaras de televisión. El debate entre el estrenado vicepresidente Gore y el derrotado candidato Perot que insistía en que el tratado sería una aspiradora de empleos hacia México fue una muestra de la división ideológica en la que entraría la Unión Americana, división que tiene hoy al tratado en vilo.

A simple vista, el peligro hacia México por parte de Trump era la primera declaración que explicaba, desde la deforme y chata visión del empresario, los peligros de la migración que llegaba desde la frontera mexicana.

No obstante, el objetivo fue develado poco a poco en los meses siguientes. El discurso migratorio fue ligado con el comercial. Trump insiste en que México debe de pagar el precio del inútil muro de miles de kilómetros. El muro es lo de menos, lo importante es meter en el pensamiento del votante el déficit comercial que tienen los Estados Unidos con nosotros.

54 mil millones de dólares. Cantidad exorbitante de dinero que, ahora, se convierte en el verdadero ariete.

NAFTA ha convertido en socio incómodo a México y el discurso en Ohio y Florida reflejó el verdadero camino que seguirá Trump hacia el acuerdo.

Lo peor es que no está solo en la alerta. Bernie Sanders articuló una idea parecida donde el humanismo hacia los salarios de esclavos en México estuvo presente, pero el reclamo era similar: no más TLCAN.

Sanders se aleja de la posibilidad de ser candidato, pero junto con Trump puso ya en la mesa la posibilidad de renegociar el acuerdo, posibilidad que se discutirá y debatirá durante meses en el camino a la elección de noviembre.

Debate donde, hoy, México está tan ausente que ni siquiera tiene embajador que articule una réplica.

Así no se puede.

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