La Disneylandia de Movimiento Ciudadano

Tlajomulco es la probeta de Movimiento Ciudadano. El éxito mediático y de percepción que obtuvo Enrique Alfaro como presidente municipal de ese territorio perteneciente a la ZMG lo ha puesto, como pocos, en el reflector de la posibilidad.

Y en Tlajomulco, el partido de Alfaro prueba todo: mototaxis para solucionar un grave problema de transporte metropolitano. La propuesta de seguridad del tapado de oposición y, por supuesto, la votación para ratificación de mandato de su presidente municipal.

Ismael del Toro se llama. Es conocido por ser el sucesor de Alfaro. Sus números -en encuestas publicadas por su periódico predilecto, elMural- lo tienen en alta estima de la población. Aún así, los números de participantes en el referéndum son magros: sólo el cinco por ciento de la población del municipio participó.

Por supuesto, Del Toro lo vendió como un gran éxito ya que de ese porcentaje, nueve de cada diez le dieron una palomita. Dicho de otra forma, el cuatro por ciento de los habitantes de Tlajomulco están politizados y listos para participar en apoyo a su alcalde. El número es igual de raquítico que otros que transitan por Tlajomulco. Donde faltan 600 escuelas para atender a la población, donde se tuvo que cesar a casi una veintena de funcionarios por sospechas de corrupción, donde casi un cuarto de millón de casas deben impuestos al municipio, donde miles de peces mueren víctimas de la corrupción de fincas que derraman sustancias en Cajititlán. Donde no falta el número abultado es en la inversión de redes sociales. Más de tres millones y medio de pesos para el mantenimiento de cuentas de Twitter y Facebook. Gasto algo exagerado para un municipio de alrededor de medio millón de habitantes.

Es explicable: el partido de Del Toro se la juega toda en su eficiencia para el 2015. Alfaro sabe que no puede sólo considerar la idea que no es corrupto y cercano a la gente, sino que debe llegar con un bagaje fuerte de méritos de sus correligionarios. A la par del edil de Tlajomulco, Salvador Caro y otros buscan con afán subir la aprobación de la segunda fuerza política del estado. Saben que el PAN, pese a su división, no permitirá perder más posiciones, menos a manos de emilistas conversos en busca de hueso. Pese a todo, Del Toro no es Alfaro. Aunque el golpe mediático es certero, le falta el carisma y la personalidad de la figura emblemática de Movimiento Ciudadano. Eso, en los próximos meses, puede ser el mayor talón de Aquiles del municipio, donde cualquier error puede convertir a ese Disneylandia en una casita de terror para MC. Apunte final: eso sí, hoy por hoy no hay priista que pase esta prueba del ácido. Percepción.