Desilusión

Nuevo tren, nueva calle, nuevas mochilas, nuevo pavimento, nueva propaganda. Y el mismo lenguaje oxidado de siempre.

Si usted lee esta sección, tal vez no esté tan harto, tan hasta la madre de la demagogia que políticos y “políticos” derraman en sus presentaciones en medios, escritos, ensayos, publicaciones, editoriales y hasta colaboraciones en espacios informativos.

¿Grave? No, sólo hastiante. Falta menos de un año para las elecciones del 2015, esa donde Alfaro se juega el pellejo y sus aliados y rémoras pretenden conseguir algo qué succionar por un trienio más. Imagine usted cuánta saliva tendremos que aguantar que avienten todos los que, de una forma u otra, estén a la mitad de la batalla política.

No es bonito. No sólo por la pérdida de tiempo y el gasto que tendremos que hacer en la compra de impermeables que nos eviten la salpicada sino por el gateo gubernamental en ello.

Para noviembre, comenzarán a correr las precampañas donde los partidos saldrán en sus mejores galas para seleccionar sus mejores cuadros. Ahí veremos a los que hoy se dicen ciudadanos -si eso son, yo soy alfarero húngaro- para pedir la oportunidad de luchar por la ciudadanía.

No me refiero, que quede claro, al esfuerzo wiki político -ese tiene otros bemoles a criticar-, sino a estos políticos profesionales que, de manera tramposa, nos quieren ver la cara como lo hicieron en la época que gobernaron.

Ahí vienen para ofrecernos calles limpias, seguras, transporte de primera, educación de Harvard desde kínder, medios confiables y no chayoteados, salud universal para todos y hasta chocolates el fin de semana.

Los mismos que se asustan y le dan la vuelta a la defensa de derechos humanos, a la legalización de las drogas, a la rendición de cuentas de sus congéneres ladrones y autoritarios, a la coherencia por la que debieran callarse la boca para criticar acciones de gobierno iguales a las que, en su tiempo, aplaudían como focas.

Todo, en garigoles verbales típicos de las mejores escuelas de oratoria de la época de López Portillo en defensa de la academia y el buen decir, pero no del buen actuar.

Es como una estación de radio que dice ser roquera pero actúa como una popera de gran payola. Así de hipócrita, así de vergonzosa. Pongan ustedes el nombre. Comienza con...