Derecho

El diario tapatío El Informador -ese ínclito periódico de estricta línea- publicó una encuesta durante la semana pasada a propósito de la polémica debido a la discusión sobre la Ley de Libre Convivencia en Jalisco.

La encuesta era si sus lectores estaban de acuerdo con la implementación de esta ley.

Por supuesto, la votación fue copiosa a favor o en contra. Algunos conocidos me enviaron mensajes vía redes sociales para participar en la consulta. Por supuesto, me negué.

La razón es sencilla: los derechos humanos no se someten a consulta. El hecho de que Jalisco tenga un gran adelanto de pensamiento y de actuar en muchos ámbitos no significa que en otros continúe en las cavernas.

El matrimonio entre personas del mismo sexo o su paso anterior, la ley de convivencia, no son un regalo para la comunidad Lésbico-gay sino el reconocimiento legal de que deben tener derechos que los protejan.

En cifras oficiales, en el estado hay menos de 200 mil ciudadanos que profesan atracción por alguien de su mismo sexo. La cifra parece menor -y, probablemente, falta añadir a muchos que, por temor o simple recato, no se señalen como tales- pero así existiera uno, debiera de tener el amparo legal que otros miembros de la sociedad ya ostentan.

Resulta penoso que las razones para obstaculizar leyes y la cesión de derechos humanos continúen siendo aspectos basados en religión y en creencias morales que surgen del miedo. El estigma en la sociedad continúa como el principal grillete para el avance comunitario.

Miedo que, aunque no se quiera, se vive en todos niveles. Incluso para el heterosexual que se dice lastimado e insultado cuando le dicen de forma accidental o intencional gay.

El caso más notorio: Carmen Aristegui.

Ya que sale su nombre, Aristegui cayó en la trampa que Televisa le puso ante la obsesión de la locutora por lo que sucede en donde algún día fue su casa de trabajo. Tras reportar el uso de recursos públicos para la cobertura por parte de un espacio de la televisora -y obviar, valga decirlo, que también lo hicieron otros 14 medios-, Aristegui cayó en un intercambio con la conductora de talk shows Laura Bozzo.

A simple vista, pareciera que la periodista radiofónica habría ganado la confrontación. No fue así. Al negar el derecho de réplica a Bozzo, Aristegui cayó en el campo de lo que tanto critica: discrecionalidad.

Si bien el derecho de réplica aún no está reglamentado, si uno comienza a ejercerlo, no puede escoger quiénes son los beneficiarios y quiénes no basados en filias y fobias.

Porque los derechos no están hechos para consulta. Se dan a secas...aunque el beneficiario sea tan deleznable como un homosexual o una estrella de talk show.