"Filibustear"

Durante años, los políticos mexicanos vivieron de la expansión salivar. En un sistema cerrado, lleno de candados y componendas para poder ingresar a él de forma exitosa, la demagogia se convirtió en la llave maestra de flautistas de Hamelin modernos, embaucadores de masas que, con palabrería hueca, hipnotizaban a obreros, campesinos, fuerzas vivas urbanas o hasta a legisladores en pleno que, con ensoñación, los escuchaban.

José López Portillo y Luis Echeverría eran ejemplo y orgullo de la demagogia en pleno. Sus discursos -largos, cuidados, impecables en la forma, pero maratónicos en duración- son aún piezas de estudio para quienes desean conocer el fino arte del engaño a través de la palabra.

Con la llegada de Salinas de Gortari las cosas cambiaron sólo en la longitud. Hipnotista del verbo, Salinas enlazó modernidad con síntesis. Discursos cortos, frases que quepan en ocho columnas, contundencia. Escuela que prodigó a Colosio y Zedillo.

Pero ha regresado a la política el fino arte de la demagogia a gran escala.

Hace unos meses, en el histórico debate sobre el techo de endeudamiento en los Estados Unidos, el senador Ted Cruz habló durante un día completo en tribuna. Cruz no es un legislador tonto: argumentó, alegó, leyó un libro completo de Dr. Seuss y mostró su intensidad con un propósito único: alargar la discusión para lograr llegar al límite constitucional.

Algo parecido sucede en México.

Los senadores del PRD en comisiones del Senado lograron alargar el debate sobre la Reforma Energética hasta límites inimaginables. 200 turnos de oración entre domingo y la madrugada del martes para repetir el mismo discurso dado con anterioridad. Entrampados en la discusión técnica -a la cual pocos de ellos le entienden-, los legisladores perredistas decidieron entrarle al estilo emocional de intercambio de ideas. Casi lo logran.

Filibustearon, pues.

Táctica dilatoria común en los parlamentos, los diputados y senadores mexicanos comienzan el filibusteo para crear jaquecas al gobierno federal en los tiempos legislativos. El objetivo era llegar al 15 de diciembre.

Esto hizo que el PRI fuera más persuasivo con el PAN y, con ello, la reforma sea más abierta y menos benéfica a poderes como el sindicato petrolero, en detrimento no solo de Deschamps, sino de los trabajadores.

Dicho de otra forma, la estrategia de retraso benefició a la derecha.

A veces el filibustear necesita no sólo saliva, sino también cerebro.