Cinicracia

Acostumbrados al engaño, los políticos de la década dos del siglo XXI han convertido su actuar en la instauración de un régimen cruel y disgustante. Desde su ceguera de acción, reparten culpas y abren expedientes que no llegarán a sitio alguno no por falta de pruebas sino de voluntad.

En un país de cínicos, políticos corruptos u oscuros han comenzado a contaminar medios y percepción social.

Revisemos unos cuantos casos.

LOS GRILLOS DE LA MIGUEL HIDALGO: una mujer carismática, pero con pocos logros en su trabajo político quiere ser candidata a la delegación donde se alojan Los Pinos. Tiene un problema: meses antes, en una acrobacia electoral, cambió su ubicación geográfica a Hidalgo.

Los planes fallaron y el hueso rodó hasta las calles cercanas a Chapultepec. El partido del decente Madero la convocó a ser su gallo o gallina, para el caso en la Ciudad de México.

El caso es que el PRD no quiso que le hicieran una López Obrador y se inconformó por las pretensiones de la dama hidalguense. En un inicio, las huestes de un instituto electoral manchado de ámbar le negaron la posibilidad. Ella decidió ir a alturas más grandes y, mientras tanto, subirse a los templetes de la delegación enfundada en simpatizante distinguida de candidatos a diputados.

La trampa a la vista de todos.

Al final, el tribunal electoral da un criterio contradictorio: la credencial para votar es de otro estado, pero ella ha vivido tres lustros en la delegación. Es decir: es candidata por residencia.

La misma residencia que su opositor, un señor que fue funcionario de la delegación en la caquicrática administración anterior, no tiene puesto que vive en la cosmopolita colonia Condesa.

EL DEBATE DE TRES HORAS: Nuevo León tenía 10 candidatos de los cuales sólo dos tienen posibilidad real. El problema es que uno de ellos no pertenece a la partidocracia que controla institutos y presupuestos.

Por ello, todos decidieron que, pese a que el electorado está claro que hay opciones que cuestan y no abonan, debían debatir todos.

Así, crearon un monstruo de poca asistencia mediática. Una confrontación de 180 minutos plana, con poca producción y con el objetivo de cumplir la plana con los lineamientos democráticos de un proceso que teme perder ante la ciudadanía.

Ni por nada, al finalizar el encuentro, uno de los candidatos decidió bajarse del carrusel. Alguien le dijo que la mareada al público había sido tal que el primer vomitado del proceso electoral seria él.

Solo dos botones de cientos que aparecen, día con día, en un país donde las elecciones intermedias son el ejemplo de cómo los cínicos están listos para gobernar...si no es que ya lo hacen.

 

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