Campaña en llamas

Si el inicio de la elección intermedia se tiñó de sangre por los hechos del bosque de Mascota, la mitad de la misma se incendió.

La responsabilidad, por supuesto, no viene de candidatos y plataformas, pero sí de su incapacidad para articular, desde el poder o desde la palestra política, ideas y caminos que desarticularan el crecimiento del narco.

La mediocre actuación de los cuerpos de seguridad el viernes no es solo responsabilidad de un desgastado Luis Carlos Nájera, deriva también de un pleito mezquino por el poder en donde las corporaciones fragmentaron información y alcance ante la lucha por la silla, pequeña o grande.

La reacción de candidatos y equipos ante la emergencia del viernes pasado fue veloz y torpe. Primero, cancelaron campañas como un acto de solidaridad o, tal vez, ante el sentido común de que no habría nadie que asistiera a un evento público para escuchar promesas huecas de seguridad ante camiones quemados en las esquinas.

Después, lo irrisorio. Temprano el lunes, el director de comunicación del PRI en Jalisco -el mismo que dice respetar opiniones contrarias, pero que demandó a periodistas cuando su amo era el estirado gobernador poblano- replicó en sus redes sociales la primera plana de ese diario bizarro que es **La Jornada Jalisco. El escolta de Enrique Alfaro como objetivo de la Operación Jalisco. Si **La Jornada tenía ese tipo de información habríamos de felicitarla: se enteró de cosas aun antes del gobierno estatal. El problema es que la felicitación no tendría que venir del cuarto de guerra del PRI que, tácitamente, reconocería su incompetencia ante este tipo de datos.

Debates huecos y ataques personales alejaron en la semana a los contendientes de la principal preocupación de la ciudadanía: seguridad, salud, movilidad, el verdadero bienestar que no se encuentra en acusaciones personales o de ineficiencia.

Usar el tiempo de debate para hablar de fallidas acciones de pasado es verdad de Perogrullo. Es parte del lodo que llega al ventilador cada tres años y que mancha a todos.

Los hechos, no obstante, son más profundos. Estamos a un mes de la elección y la lejanía con la sociedad se acrecienta, el desencanto priva y la desesperanza se ha convertido en paisaje cotidiano encapsulado en spots de 30 segundos. A como se comportan hoy, no hay forma de que se dé un gobierno articulado que cree consensos y condiciones de negociación que beneficien al electorado. La lucha por el poder pudrió la posibilidad.

Quien gane, de todas formas perderemos todos.

 

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