Cadena humana por tercera cadena

La discusión del duopolio televisivo llega a niveles de risa. No, no por el contenido de ambas televisoras o por la excelencia de escritores, sino por la parcialidad.

Esta semana, tres actores jóvenes de la mediocracia mexicana defendieron -algunos de forma abierta, otros de forma velada- a sus patrones.

Carlos Loret, Genaro Lozano y Nacho Lozano -sin parentesco alguno- publicaron notas y editoriales donde el nombre Slim flotó de forma notoria.

Loret -en un estilo que en un par de notas de Televisa ya había expuesto horas antes- cuestionó la autenticidad de la cadena humana que organizaciones sociales y activistas habían convocado para protestar contra las leyes secundarias de telecomunicaciones y su intento

-alegan- de censurar Internet. Loret -y los informativos de Televisa- imprimió relevancia en el hecho que telefonistas y su líder, Francisco Hernández Juárez, tuvieran un papel protagónico en la actividad.

Lozano -el empleado de Televisa- cuestionó el silencio o apatía de Carlos Slim hacia las leyes y las protestas, más aún cuando es afectado directo.

Lozano -el empleado de Slim- prefirió ir por otro lado: habló de las bondades de la conectividad en México y cómo un estudio internacional rescataba su prestigio, por encima de los datos del Foro Económico Mundial que lo tundía a la baja.

Medias verdades en todos los casos. Medias verdades en una Denisse Dresser que protesta vestida en trajes de marca que logra comprar a partir de sus intervenciones en programas de muchos medios incluidos los de Televisa. Medias verdades que nadie cuestiona de los noticieros de MVS donde el tema Slim -como el de López Obrador- tiene sólo una cara pues su principal conductora vive del porcentaje publicitario que, por contrato, le toca.

Del lado opuesto, la insistencia sobre las verdaderas intenciones del hombre más rico de México ocultan los resultados magros financieros de este trimestre, la imaginación acotada y el desgaste de la fórmula.

No será la primera zacapela entre los magnates y su equipo de vocero, el problema es la falta de transparencia. Porque el futuro no será romper el duopolio sino convertirlo en un triopolio con propuestas similares. Sin  nuevo talento. Sin posibilidad de cambio.

Eso en el mejor de los casos y sin analizar lo que pasará en los medios públicos y las radios permisionadas.

Y así será por siete meses más.

El juego debiera ser abierto. Exijamos que las posiciones se aclaren.

Esto, si no creemos que sin pedir carnet, sabemos de qué pie cojean.