Bailó mi rey

Juan Carlos de Borbón es un rey en tiempos complicados. Hoy en día, la casa real española -para el efecto, cualquier casa real o clase política- es un ejemplo de dispendio y dinero mal gastado. No obstante, hace casi 40 años, la España de hoy no podía pensarse sin ella.

Ante un país roto por Franco, con expulsados y exiliados alrededor del orbe, la figura de Juan Carlos -más astuto y frío en la negociación que su padre, el Conde de Barcelona- fue la clave para que la democracia llegara a España. La democracia, el destape, el desarrollo musical, Almodóvar, Victoria Abril, Alaska, Felipe González, el España del Real Madrid de Hugo -no el de Franco-.

Nada de lo que se conoce como la modernidad española se hubiera cumplido si Juan Carlos no soporta al dictador y aguanta. También, el golpe de Estado del 21-F.

Y el rey pasó entonces por todos los claroscuros que experimenta un héroe que se transforma en villano. De figura de respeto en Cumbres Iberoamericanas al “¿Por qué no te callas?” hacia Chávez. De ahí, a la caza de elefantes y el sigiloso encubrimiento a los actos de corrupción que llevaban la venia -por lo menos en omisión- de la casa real.

A la mitad, un pueblo sin dinero, sin empleo, sin oportunidades y traicionado por los políticos que, de forma hábil, encontraron en la realeza el enemigo ante la debacle.

Porque, de acuerdo, el movimiento republicano en España es enorme, incluso apoyado por exiliados que, ya hoy, vuelven a agitar la bandera del soldado. Sin embargo, no tendrían éxito si la situación económica fuera benéfica.

Nadie se quejaría del rey y sus safaris, de lo inútil de sus hijas y de la frivolidad de su nuera de no ser porque, en la calle, el río de efectivo se secó.

Y la responsabilidad de la sequía viene de la otra monarquía. Ese que, aún ahora, pagan los españoles, la política.

Llámese Rajoy, Zapatero, Aznar o González, los políticos españoles han fallado con todo. Con todos.

Y si, existen elecciones y cambian de jefe de gobierno en un clásico voto de castigo. Eso no ha sacado a España de la decepción total de los últimos cuatro años.

En una semana, la representación de España tratará de dar oxígeno a Rajoy con juegos extraordinarios en la Copa del Mundo. Renovar el título y desfilar por Madrid. La misma estrategia de traer a Felipe a coronarse.

En ambos casos, puede ser muy tarde. Los brasileños necesitan lo mismo.

Y a Felipe...le espera la protesta republicana. Y esa, sí, puede ser mayor a ganar la copa.