Ayotzinapa no somos todos

El cinismo se ha convertido en la nueva honestidad política. Guerrero es el ejemplo más claro de cómo los políticos son cínicos a la medida. Desde el día uno.

Vamos por partes.

Luego del terrible incidente donde policías de Iguala actuaron como sicarios del cártel “Guerreros Unidos” y entregaron a los estudiantes de la escuela normal de Ayotzinapa a policías de Cocula, los políticos locales y nacionales han pintado su raya de maneras poco elegantes.

Primero, el alcalde de Iguala, un individuo que, hasta hace poco tiempo, se dedicaba a vender como marchante y, en una historia de éxito increíble, se volvió millonario y gobernante. José Luis Abarca se lavó las manos y, al ritmo de la charanga que contrató para la fiesta de su esposa, huyó.

El gobernador de Guerrero, Ángel Heladio Aguirre, le siguió el juego. No ha querido, en ningún momento, reconocer la ineficiencia de su gobierno ni la debilidad de las instituciones estatales ante la dominancia del narco. Borracho de poder, Aguirre piensa que en un tour de forcé con el gobierno federal, puede ganar. Lo que la mareada post etílica deja.

Enrique Peña Nieto anda en las mismas. Primero, aventó el muerto -o los muertos- al pantano que hoy es Guerrero. Luego, entendió que con los desaparecidos también se iban al carajo sus puntos ganados en el extranjero y hasta los inversionistas. Hoy, Peña presiona mediáticamente a Aguirre y partidos que lo apoyan para que, de buena gana, pida licencia.

Los partidos políticos que dieron el ok a Aguirre en el pasado también sufren, pero se hacen como el tío Lolo. López Obrador condena pero  -raro en él- culpa al gobierno peñista de casi todo. El PRD ofrece disculpas y los otros dos comparsas que los acompañaron en aquella coalición llamada Iguala nos une  -algo así como el brazo político de los “Guerreros Unidos”- se esconden del foco para no rasparse de más.

En esta historia, aparecen los oportunistas. Un grupo de jóvenes lanzó en Jalisco un video muy parecido a aquellos que Epigmenio Ibarra sabe realizar muy bien, donde civiles toman la voz de desaparecidos para crear, en la audiencia, el efecto que impida olvidar nombre y apellido del civil que hoy no está.

El matiz se encuentra en la dirección y el efecto. Pero lo más importante en los protagonistas: simpatizantes algunos de Movimiento Ciudadano. Sí, el mismo partido que llevó -en coalición- al inútil Aguirre y el desaparecido Abarca al poder. Ni una mención de corresponsabilidad. Ni un asomo de condena por la decisión del partido que hoy defienden.

Hoy, porque si pierden en 2015, dudo verlos a muchos ahí.

Cinismo. Así le dicen.