Articulista invitado

El jinete sin cabeza

En este texto —parte del libro 'Hernández’ tres pasiones', del editor Franco Maria Ricci—, el autor aborda las Repisas, obra con un mensaje enorme sobre la guerra y la violencia, “de un artista de Oaxaca que de niño no tuvo soldaditos de plomo”.

Las Repisas cinéreas que Sergio Hernández ha ido fabricando en los últimos tiempos (pero que vagaban en su imaginación desde el momento en que, hace años, se topó con una hueste de soldados de plomo) albergan pequeñas escenas escultóricas pobladas de personajes armados, pertrechos bélicos, toros, caballos, árboles resecos, bajeles derruidos y escaleras retorcidas. Cuentan una historia en cierto sentido opuesta a la que se desprende de los Plomos pictóricos. Mientras que estos insuflan vida en la materia inerte por medio de complejos procedimientos alquímicos, las Repisas plasman la descomposición, peor, la extinción —bajo una capa de cieno metálico— de toda forma de vida: ponen en escena el acto terminal de una tragedia causada, al igual que todas las humanas tragedias, por la violencia intrínseca a la estirpe de los hombres. El último fenómeno en desaparecer de la faz del planeta, parece insinuar Sergio Hernández, será la guerra, ella se encargará de recubrir la civilización y la naturaleza con un manto de lodo. Vemos las cosas hundirse despedazadas, vemos hundirse animales desmembrados y, sobre todo, vemos a hombres moribundos todavía disparándose. Es una historia sin fin, que los dioses, vengativos, siguen alimentando desde que los hombres pusieron fin a la Edad de Oro. ¿Quién no recuerda a Cadmo, el fundador de Tebas? Camino a Beocia, se topó con una vaca blanca, signo de que había llegado al sitio de la fundación. Pero apareció un dragón que, antes de que Cadmo lograse matarlo, hizo estragos de sus hombres. Entonces la diosa Atenea, su protectora, le ordenó sepultar los dientes del monstruo. Después de un tiempo, de la tierra fueron emergiendo muchos guerreros, uno por cada diente: la nueva hueste de Cadmo. Pero pronto una terrible pelea estalló entre ellos, a raíz de la cual los guerreros se exterminaron mutuamente, volviendo así a la tierra. La lucha de todos contra todos hasta la extinción, esta es la advertencia que mitógrafos, historiadores, filósofos y artistas repiten desde siempre. Pero nadie escucha porque el estruendo de las armas lo cubre todo.

La extinción de los dinosaurios y de muchas otras especies se debió a un cataclisma causado por el impacto del asteroide Chicxulub sobre la costa septentrional de Yucatán. El tsunami que siguió provocó la inundación de amplias áreas geográficas, regiones que por miles y miles de años quedaron sepultadas bajo una espesa capa de fango reseco. Debido en parte a su apariencia lúdica —juguetes de plomo, de esto se trata— los paisajes cenagosos de las Repisas no compiten con las catástrofes cinematográficas, sean documentales o de fantasía (Chicxulub no cabe en ninguna pantalla). Sin embargo, Sergio Hernández logra "transformar su ser en sentido", es decir, logra expresar un mensaje de enorme alcance, sin otros medios que los de un artista de Oaxaca que de niño no tuvo soldaditos de plomo.

Al hablar de las piezas plomizas de Sergio Hernández se asoma casi obligatoriamente el nombre de otro artista fascinado por los metales, Anselm Kiefer. El parecido que acerca el mexicano al alemán ha sido subrayado en más de una ocasión, aunque de manera superficial, sin profundizar los nexos realmente existentes entre ellos. En efecto, Hernández comparte con Kiefer la atracción por los procesos de transmutación, mas el segundo establece con los materiales un contacto metafísico (dicen los entendidos), mientras que nuestro artista busca una relación somática, sensual. Ambos son brujos, pero entre un católico alemán y un idólatra mixteco las diferencias son inevitablemente grandes, y no solamente desde el punto de vista religioso: la alquimia de Kiefer tiene raíces filosóficas, la de Hernández, biográficas. Son alquimistas los dos, sí, pero distintos por razones históricas y geográficas, existenciales, mentales y, no por último, artísticas. Ambos son cultos y bien leídos, sin embargo las motivaciones que los empujan hacia los libros son diferentes. La curiosidad de Kiefer se ha forjado en el interior de una tradición tan rigurosa como la medieval; en cambio, la de Hernández es instintiva y voraz, para no decir "salvaje" (no conozco la biblioteca del alemán, pero apuesto que sus intereses son menos omnívoros que los del pintor de Oaxaca). Kiefer ha nacido en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial, entre privaciones y cúmulos de escombros; de su parte, Hernández, quince años más joven, se ha criado en el inmutable paisaje del sur de México. Esto hace que el tiempo, el espacio, la visión del mundo... todo difiera. Y todavía hay entre ellos una indudable afinidad, fruto de la admiración del discípulo por el maestro. Kiefer hace parte del panteón artístico de hoy y Hernández no disimula su deuda hacia él. En los Plomos, por ejemplo, el influjo del alemán es descubierto, a tal punto que vuelve a asomarse la pregunta de siempre: ¿qué significa "influjo" en el campo artístico? Podría responderse que es aquello que acerca dos cosas distintas y que, más específicamente, consiste en el aprovechamiento por parte de un creador de los logros de otro creador, pero según modalidades y para fines distintos de los originales. Influjo e inspiración son factores básicos del quehacer artístico, sin los cuales el arte, en cuanto fenómeno histórico y cultural, no sería concebible. Con todo y eso, honradas las deudas, los plomos de Hernández son de Hernández y punto. Lo mismo ocurre con las Repisas.

Plomo, fuego, barro, escombros... hay lugares del planeta donde la vida se pierde en un caos de balaceras, hogueras, explosiones, desmembramientos, a veces a la sombra de la Santa Muerte, otras de la Razón de Estado, otras de un Credo Religioso. Las Repisas contienen verdades aterradoras, referencias a masacres y horrores similares (incluyendo la violencia contra naturam), y no obstante están envueltas en una atmósfera lúdica: una liviandad desconcertante, casi risueña, opuesta al desaliento que distingue las obras de Anselm Kiefer (un carácter que, bajo cierto punto de vista, recuerda la adustez de las "vanitas" barrocas). Si no fuera por esa manta festiva, quedaría al descubierto una urdimbre de llamados goyescos, una trama alusiva tejida con las hebras de los Desastres de la Guerra. Las Repisas encierran secretos y deparan sorpresas.

La violencia es de todos; la guerra también. Quien quiera puede esgrimir sus derechos al respecto, ya que cada ser humano, sin excepción, pertenece a la estirpe de los lobos. A diferencia de Kiefer, que retrata la violencia desde la campiña francesa, Hernández la representa en la perspectiva de México. Roberto Bolaño hizo algo parecido redactando un catálogo atrozmente bello de las vidas segadas en las regiones del Norte. A diferencia del escritor chileno, Hernández —mitad escultor, mitad director escénico— representa en sus tablas plomizas la tragedia del país entero: el Gran Teatro de México. Minúsculas escenas aparentemente inocentes, como son inocentes los juegos guerreros de los niños; microcosmos llenos de títeres descabezados y juguetes rotos o, si se quiere, llenos de metáforas mortíferas. ¿Y las escaleras? ¿Son signos de vida las escaleras, o son los peldaños que conducen al Juicio Final? ¿O son la broma de un artista dispuesto a mofarse de todo?

Abre en roma el 8 de junio, 'A Ferro & Fuoco'
El pintor mexicano Sergio Hernández inaugurará en Roma, Italia, el 8 de junio la muestra A Ferro & Fouco (Hierro y fuego), en el prestigioso Palazzo Delle Esposizioni de la capital italiana.

La muestra reúne 12 óleos, 19 plomos y 14 repisas en ese metal, parte de la producción realizada entre 2013 y 2016. A Ferro & Fuoco es un evento importante no solamente en la carrera del artista, sino en la actividad cultural de la ciudad.

Será presentado también el libro titulado Hernández' tres pasiones, realizado por el insigne editor italiano Franco Maria Ricci. Precisamente de ese libro presentamos el texto que aquí se reproduce.

En septiembre y octubre, la exposición estará también en el museo de Franco Maria Ricci, en Parma, un lugar nuevo y de prestigio internacional conocido como El Laberinto, en Fontanellato.

La muestra cuenta con el apoyo de la Secretaría de Cultura, la Secretaría de Relaciones Exteriores, SRE y la Embajada de México en Italia. Surge a raíz de un invitación del curador y escritor de arte Giorgio Antei y precede a otra exposición del pintor mexicano que será presentada en Colombia en el Museo de Arte Moderno de Bogotá (MAMBO) el 30 de junio del 2016.