Con singular alegría

El milagro

Sé y lo declaro profundamente convencida, que Dios hizo un milagro más en mi querido México. Porque de que venía un huracán del tamaño del mundo, con una fuerza espectacular, y de sopetón y sin previo aviso se transformó de categoría 5, en uno, bueno es algo impresionante.

Mientras, desde dos días antes se logró ir informando con mucho cuidado a la población que sería la más afectada, sobre los daños que habría y los muchos albergues que se estaban desplegando.

Como también se desplegó la ayuda de todos los sectores de la población. Como cuando México se une y logra hacerse uno: fuerte, inteligente, honesto y poderoso... ante todas las inclemencias que nos pueden pasar.

Pero no hay que perder de vista, que el mismo día en que los meteorólogos anunciaron ese tan esperado zafarrancho, se vio a un presidente comprometido con su pueblo. En ese instante convocó a su gabinete legal y ampliado para que se pusiera las pilas y trabajara muy duro en los estados en los que se avecinaba la mega tormenta.

Al día siguiente vimos a un ojeroso hombre que no había dormido ni un ápice, pero que tenía todo controlado. En ese momento, México volvió a hacerse uno con su pueblo.

Las oraciones llegaron de todos lados y las muchas cadenas de quienes le creen a Dios, no se hicieron esperar. Pastores, curas, rabinos y el mundo entero, oraban por México. Y Dios nos hizo caso. Nos oyó, e hizo otro milagro.

El hecho de no haber llegado con la furia que se esperaba; de haberse amortiguado con la Sierra Madre, de que de 5, se convirtiera en uno; de que no hay habido un solo mexicano muerto... es una verdadera obra de Dios. El gobierno se comprometió a restaurar todo lo caído.

Al día siguiente las redes y algunos imbéciles decían que todo esto lo había inventado el señor Presidente. Era de lo más desagradable. Yo solo sabía que con una inmensa esperanza doblé rodilla, como muchos mexicanos, y Dios estuvo presente. Gloria a Dios.