Con singular alegría

Juan Pablo

Un día escribí algo que ahora quisiera retomar. Fue de un excelente ser humano. En aquella época, trabajaba enormemente. Decía:

Juan Pablo es quien es, pese a quien le pese, el hombre más importante de este planeta, en este momento, así de viejito. Porque sus ojos aún le brillan. Aunque su cuerpo esté sumamente agotado.

Agotado de levantarse todos los días a razonar cómo poder cambiar los juegos del ajedrez de los distintos mandatarios de este planeta llamado tierra. Cómo poder influir para tirar de sopetón y sin previo aviso, el Muro que estuvo instalado en Berlín, dividiendo en dos a familias enteras, porque a alguien se le ocurrió que el comunismo estaba acabando con el mundo entero.

También pensará a veces, cómo influir en que la URSS, perdieran esa "unión", y que cada una de éstas, pudiera ser demócrata. Y perdonar a quien lo mandó matar y lo dejó vivo. Era gente de la inteligencia soviética.

También ver que Fidel necesita quien le jale las orejas, pero también quien le regale una sonrisa de amor. Y así se fue Juan Pablo a ver a los cubanos para darles la esperanza que les han quitado por años los norteamericanos. Y si el Papa quiere, todos los demás ya empezaron a querer. Y eso se llama Poder.

Hoy México es distinto porque existe un indígena que es Santo. La Iglesia reconoce a un azteca, para regalarle un pedazo de cielo a los 50 millones de mexicanos que se mueren de hambre.

El Papa vino a hacer un milagro: y les aseguro que la muestra de inteligencia y de política pura que se demostró en este acto que acabo de ver en la mañana, bien valen un beso en la mejilla, y en la otra, y en la frente, de este hombre que desde que nació fue bendecido por Dios, para que hiciera el bien en todos los lugares en donde pasara.

Qué días aquellos...