Con singular alegría

Trump no me gusta

Trump no me gusta. Y lamento muchísimo si ya no puedo volver a Estados Unidos, mientas él sea Presidente. Cuánto voy a extrañar todas y cada una de las ciudades espectaculares que conozco de ese país vecino. Más Nueva York.

Lo que a mí me parece, es que aparte de la estructura filosófica, económica, política, social y estructural que se vivió en la campaña, nos faltó analizar lo que es diferente en él, de muchos norteamericanos, es el hecho de que su campaña la sustentaron eclesiásticamente, los presbiterianos y no los católicos.

Ha corrido en Facebook un pequeño video de Trump en donde tiene una Biblia en la mano, y varios pastores le están orando e imponiendo manos. Él tiene los ojos cerrados. Y me parece esto, la charlatanería más impresionante que he visto. Un ser humano que se dedica a denostar a todo un pueblo que es el más necesitado, -los pobres, los indocumentados, las mujeres frágiles-, lo único que puede ser es un no cristiano.

Por otro lado, el cristianismo de Hillary, de la Iglesia Católica, no la dejó avanzar. Nunca proclamó que fuera católica, y ninguna iglesia católica la apoyó.

En el primer caso, me imagino que además de todo, el dinero de todos los judíos, se fue directo para la campaña de Trump. El día en que ganó las elecciones con un millón de votos menos que su contrincante, fue muy simbólico que una de las tres únicas bolsas que ganaron, fue la judía.

Los judíos dominan la economía del mundo. Y tristemente apoyaron a un hombre que es la antítesis de ellos. Que pena.