Con singular alegría

Revitalizar al Estado


Reconocer la capacidad real del Estado, no significa aceptarla para siempre. ¿Cómo revitalizar al Estado? Ofreciendo a los funcionarios públicos incentivos para mejorar su rendimiento y manteniendo a raya sus posibles arbitrariedades.

Pero hay que decir -al margen de todo esto-, que el problema de la ineficiencia o corrupción crónicas, no es exclusivamente de carácter político. Hay que hacer referencia, por supuesto, de las burocracias.

Los burócratas han sido contratados por el Estado, para que por un pequeño sueldo, se mantengan en orden y en paz. Seres que pueden o no desatar una revolución: son una maquinaria muy complicada. De las horas que trabajan, muy probablemente hagan su trabajo en dos o tres, si se hilaran. Se deben resolver todos los sistemas básicos de comportamiento que distorsionan los incentivos y que llevan a resultados insatisfactorios.

Crear un clima general de responsabilidad necesita mecanismos de control: los órganos judiciales, legislativos y ejecutivos de Estado, y por supuesto, un gran liderazgo de los hombres que los están guiando. Entre más grande es la separación de estas tres instancias y una más de control como los sindicatos, mayor es el número de arbitrariedades.

Los gobiernos pueden incrementar su capacidad y eficacia, alentando una competencia mucho mayor en diversas esferas en los procesos de contratación y de ascensos, en la formulación de las políticas y en la forma en que prestan sus servicios.

Se puede señalar que el Estado en muchas ocasiones, goza de un monopolio dentro del sector público, lo que limita por supuesto las presiones para ser eficientes.

Los servicios públicos en algunas áreas que pueden o deberían de ser competitivas, como la energía eléctrica, tienen un atraso de por lo menos cincuenta años. Todas las acciones gubernamentales deben tener el sustento histórico de su ejecución. Una decisión, materializada en una ley general, propicia reacciones encontradas porque cae en contextos diferentes