Con singular alegría

Obama, sensato y sencillo

Inteligente, sensato y sencillo. Así me pareció ayer Barack Obama en su discurso final a Raúl Castro. Me leí con sumo cuidado las diez hojas que lo sustentan, me lo mandó mi querido don Miguel López Azuara, perfectamente traducido. Así que me eché párrafo por párrafo lo que decía, lo que quería decir, y lo que ellos -los cubanos- los que estaban con él, los que no y los que lo odiaban junto con todo lo que en cincuenta años los había mantenido al margen de lo que podían haber progresado, podían querer haber escuchado. Ha reiterado su petición al Congreso de EEUU para que levante el embargo comercial, principal agravio de La Habana contra Washington.

Fue su último día en la isla, y se ha dirigido a las autoridades y al pueblo cubano en el Gran Teatro de La Habana. Le ha dicho al presidente cubano, Raúl Castro que no debe 'temer voces diferentes al pueblo cubano'.

Difícil situación viniendo de un hombre que es Presidente de un país que los ha tenido por cincuenta largos y difíciles años, humillados y encarcelados en su propia isla. Así que tenía que ser perspicaz y no dañar más los sentimientos de seres afro-latinos que hicieron hace 400 años su hogar en la hermosa Cuba.

Conste que siempre y desde siempre, he querido a la Isla Bonita y he sido mega fanática de Fidel; por supuesto, como estudiante permanente de la Facultad de Ciencias Políticas de la espléndida UNAM. Aún cuando he estado tres veces y la primera, por más de dos meses en Varadero -cuidando a los niños del CREA- y de haber ido a estudiar diplomados en geriatría y planificación familiar dos veces más.

Conocí la Habana Vieja, la nueva y Varadero. El larguísimo malecón habanero y su eterna música viva y contagiosa. Platiqué mucho con muchos cubanos. Los que creían en Fidel y los que no, vi sus casas por dentro y sus sentimientos. Recuerdo aún cuando en Varadero enfrente de todos nuestros niños, quemaron un 'monito yanqui' que representaba al imperialismo. Era muy joven entonces y no entendí cuando me decían que estaban viviendo de milagro. Los acompañé a hacer filas enteras para que les dieran de comer. Los dentífricos y los jabones que usábamos tenían marca Urss, siempre comimos bien, viajé en guaguas por muchos lados y pude entrar a sus famosas heladerías y teatros. Yo fui feliz.

Entonces... cuando veo a Obama abrir su discurso con el poema sagrado de Martí y ofrecerles un saludo de paz, se me eriza el cuerpo. Habló quien es hijo de un africano de Kenya, casado con una madre americana. Empate digno. Ojalá que al analizar sus palabras, los Castro puedan retomar su coraje, valor y estima ante el mundo. Detrás de Obama, está el Che.