Con singular alegría

Migración

Hablo de nuevo de migración. Y es terrible lo que sucede en la institución que maneja éstos programas en la administración pública federal. Imagínese querido lector: usted está absolutamente convencido de que la policía de su país le mantiene en orden, calma, congruencia y usted está protegido.

Nada más imagíneselo un poquito, porque lo que les pasó a todos o a casi todos los enterrados en Tamaulipas, que son ya más de 200, es que un día de repente y de sopetón, al ir a la frontera en un autobús, se encontraron que fueron bajados y detenidos por los policías del Instituto Nacional de Migración.

Por los "Betas" o cómo se llamen ahora. Con sus lindos uniformes. Con sus placas. Con su prepotencia y su insensatez. Con su infamia. Imagíneselos nada más con todos aquellos indocumentados que pretendían, pasar al otro lado, para vivir el mentado "sueño americano". Porque tienen hambre. Porque nuestro país, y los países de Centro América los está expulsando.

Sí, amigos queridos. Todos ellos murieron porque tenían hambre y prefirieron ir a "jugarse la vida". Y se murieron. Así de sencillo, así de simple. Nomás les cobraron 5 mil ¿pesos, dólares? y -supongo- quienes no los tenían, fueron demorados. Así como me decía mi amigo el General. Simplemente desaparecieron.

Que pena que sea Instituto Nacional de Migración, el que transgrede toda clase de valores, inteligencias y entendimientos. Se ha convertido en un hoyo de criminales que están coludidos con más criminales.

Ya hay muchos muertos. ¿Qué no lo entienden? ¿Por qué provocar más odios entre todos los ciudadanos? ¿Por qué más tristezas en todas las madres, padres, esposas, hijos, hermanos? Este país está convulsionado. ¿Y ustedes haciendo de las suyas? Esto no es posible. Una vida no puede costar solo eso.

Se documenta, a través de la Defensoría de Derechos Humanos de la Procuraduría General de la República, que eran los policías del Instituto Nacional de Migración, o sea agentes mexicanos, quienes detenían los autobuses, seleccionaban a sus víctimas y los daban al crimen organizado. Más de mil migrantes secuestrados. Esos son los policías que tenemos.

Qué pena. Aunque el Señor Presidente se desgañite en tratar de poner orden, esto es ya una forma de vida de nuestro país. Es el absurdo cotidiano. Dios los agarre confesados.