Con singular alegría

Limando asperezas

Me encontré un texto singular. Lo escribí hace diez años, el 14 de mayo; era un reencuentro de posiciones y nostalgias: la maravillosa "Isla Bonita" y el feroz país del norte, con la bota puesta. Hoy sigo pensando lo mismo, pero con gran felicidad. Estados Unidos y Cuba establecerán sus embajadas y empieza una nueva era: la de la paz y el respeto. El escrito dice así:

"Qué risa me puede dar que alguien que se supone es uno de los hombres más inteligentes y sagaces de su país, el ex presidente Carter, pueda ir a Cuba a regañar a los cubanos en su propio idioma y en su universidad. Y lo peor: delante de su "Comandante en Jefe" que, minutos antes, le había recibido con los honores de un Presidente.

No cabe la menor duda de que cada cual habla de la feria según le va en ella.

Observé en principio el discurso que fue preciso y directo al corazón de Fidel: "Ya dejen que exista la democracia en su país. Ya dejen que los hombres tengan derechos humanos. Ya dejen de masacrar a sus recluidos en las cárceles". Bueno, me preguntaba yo: ¿cuál cárcel, la que tienen ellos en Guantánamo que alberga a los talibanes, o cuál?

Y así las cosas. Me pude dar cuenta paso a paso en el discurso, en el que iba el señor Carter, con un buen español, dejando en el mensaje: si quitan a Fidel; si existe pronto la democracia; si pueden los que no están conformes con el sistema que Castro ha establecido los últimos cuarenta años de su vida... Estados Unidos les levanta el embargo que los ha devastado. Les tiende la mano, deja que los cubanos puedan ir a Cuba a ver lo que quedó de sus casas y deja que los cubanos entren a Estados Unidos, a visitar a su gente.

Vaya ofertón, me puse a pensar. A estas alturas, Castro y todo su público estaban más que atónitos y estupefactos. No solo lo han corrido de países como México, sino que ahora hasta en el suyo: lo están masacrando. ¡Uf!

Porque si salieran todos los cubanos a votar, todos ellos probablemente votarían una y mil veces por Fidel.

Así las cosas, quisiera saber lo que estará sintiendo y pensando él. La propuesta es bien jugosa, pero el precio para él es altísimo. O se salvan todos o se hunden. Esto, si lo pensamos sensatamente, no es cuestión de valores y de honor: es cuestión de "sobrevivencia."

Y Cuba acaba de salvarse... ¡Qué feliz estoy!