Con singular alegría

Kant

Kant fue un hombre pensante, filósofo, iniciador de la ilustración, que desde el año de 1784 estrujó a la iglesia católica universal. Desde entonces, él se hace una pregunta devastadora... ¿vivimos en una época ilustrada, o en una época de ilustración? Dice no a la primera. Y en ese entonces, retumbó todo.

Pero hay que decir con precisión qué es La Ilustración. Definirla como un movimiento cultural e intelectual europeo que se desarrolló desde fines del siglo XVII. Fue denominada así por su declarada finalidad de disipar las tinieblas de la humanidad mediante las luces de la razón. El siglo XVIII es conocido, por este motivo, como el 'Siglo de las Luces'.

La cuna de la Ilustración se situó en Francia y es allí donde tuvo la mayor importancia.

La Ilustración francesa tiene un gran contenido político. Su filosofía está basada en el Derecho Natural o derecho que tienen todos los hombres a la vida, a la libertad y a la propiedad. La misión del Estado será defender los derechos del hombre, garantizar su libertad, su seguridad y su propiedad; por tanto el Estado debe ser representativo y liberal. Los políticos ilustrados se oponen al absolutismo monárquico y quieren para Francia un régimen que esté basado en la igualdad y en la libertad. Los principales teóricos políticos de la Ilustración francesa son: Montesquieu, Voltaire, Roussseau.

Trato de entender que la ilustración es una libración que tiene y que deposita el hombre en su conciencia, del sentirse culpable de su incapacidad. Ésta que le imposibilita de usar su inteligencia, sin que alguien le diga qué hacer. Y el otro, por supuesto que es la iglesia. Pero lo triste y perverso de esta manipulación, que siempre se ha hecho a los pueblos por las distintas denominaciones de las iglesias, no es por la falta de inteligencia del hombre, de las congregaciones, o de los gobernados, sino por la falta de coraje y decisión de éstos, de su pereza y cobardía. De no querer salir adelante solos. Es más fácil colgarse de alguien y a este alguien echarle la culpa de nuestras desgracias.

¡Ten el valor de servirte de tu propia razón!, decía Kant.

Así, echarle la culpa de todo lo que nos pasa a Dios, es muy fácil. Kant habla de tutores. Porque... es más fácil no estar emancipado. Por ejemplo: tengo conmigo un libro que me presta su razón, su inteligencia; a un cura cerca que me transmite no solo su conciencia, sino el perdón de todos mis pecados; a un médico que me indica qué comer... y si tengo dinero para pagarles a todos... ¿para qué pienso? Como borregos, los feligreses, se irán al matadero juntitos y además sin darse cuenta.

Y si así los ha adiestrado la iglesia es difícil lograr salir de esa incapacidad, convertida en su segunda naturaleza. Pocos son los que con su propio esfuerzo de espíritu, han logrado superar esa incapacidad y proseguir, con paso firme.

¿Qué pasa con el propio valer de cada hombre? Habría que preguntarle al Obispo Francisco Chavolla Ramos, si conoció a Kant.

Lo dudo.