Sobre héroes y hazañas

El inefable 'Mágico' González

Ahora que el club Pachuca prepara en noviembre el homenaje a varios jugadores de trayectoria impecable (salón de la fama del futbol mundial) es justo recordar al atacante salvadoreño más grande de la historia y uno de los pocos genios del balompié mundial: Jorge el Mágico González. Un hombre poseedor de un repertorio variopinto que comprendía velocidad, túneles, conducción con ambas piernas, potencia en los botines, regate endiablado y también esa magia mayor que le enseñó a Ronaldinho: la culebrita macheteada, un relampagueante ardid capaz de quebrarle la cintura al defensor más pintado. El Mágico González quemó sus horas en la bellísima ciudad de Cádiz. Cuando le preguntaron al jugador por qué no aceptaba la oferta del club italiano Atalanta el Mágico respondió sincero: “En Italia no hay pescaíto frito”, razón poderosa para proseguir desplegando los trucos de su magia en la ciudad andaluza.

El Mágico era un impenitente juerguista que hizo de la noche la gran carpa para echar a andar sus diabluras. Enamoradizo como pocos, el Mágico regó la sal de sus hijos en tierra gaditana y solía quedarse dormido al filo del amanecer, incluso en la pecera sonora del DJ de la discoteca favorita. En una ocasión, en las semifinales del “Trofeo Carranza” contra el Barcelona, el director técnico Benito Joanet se percató que el Mágico había llegado al medio tiempo y entonces le dio la oportunidad de participar en la parte complementaria. El saldo fue increíble: dos goles fraguados por el Mágico y dos más habilitados a los compañeros. El resultado fue 4 a 3 a favor del Cádiz.

Poseedor de unas ojeras que delataban su afición a la fiesta, espigado y con una cara alargada que a ratos le daba un aire de Joaquín Sabina, el contumaz noctámbulo tenía que ser movido por gente del equipo para despertarle, pero en la cancha surgía la flor de diamante de una magia sin restricciones ni tregua. Jorge Alberto González Barillas, el inefable Mágico.