Sobre héroes y hazañas

El auge de los bailarines

En dos grandes brazos se divide el rubro de los boxeadores: técnicos y fajadores. No es difícil encontrar, en las afanosas taxonomías de los expertos, pugilistas que cumplan con ambas cualidades. Un subconjunto de los técnicos son los bailarines, aquellos esgrimistas que evaden el combate y se tornan elusivos de principio a fin, como antaño fue Enrique Maravilla Pínder, un panameño que le ganó por decisión a Rafael Herrera (1972) y que fuera liquidado por los recios puños de Romeo Lacandón Anaya en sólo tres asaltos. Técnico y bailarín fue Joe Gans y también fueron evasivos Sugar Ray Robinson, Sugar Ray Leonard y Alí, pero la diferencia sustancial respecto de estos técnicos y aquellos que desde que suena la campana se suben a la bicicleta es que jamás rehuían intercambiar metralla en el cuadrilátero. Memorables fueron los pleitos de Robinson contra La Motta o Carmen Basilio. Inolvidables las refriegas del Más grande contra Frazier, Norton o Bonavena. Y qué decir de Leonard: se midió con lo más granado de su época, Roberto Manos de Piedra Durán incluido. En la otra orilla vemos a los bailarines esquivos, ayunos de pegada y magistrales conejos de los encordados. En este rubro puedo citar sin temor al yerro a Timothy Bradley. Dije que si Juan Manuel Márquez no noqueaba al moreno la decisión estaba perdida. No se necesitan dotes de zahorí. Sobre todo si analizamos la ringla de tongos observados en las recientes peleas en Las Vegas: Bradley perdió frente a Pacquiao y se la regalaron. Hemos de reconocer que al término del pleito contra Márquez Timothy parecía recién salido del vapor, íntegro y afable. Mientras que Juan Manuel se veía afectado por el peso de las cuatro décadas cargadas en la chepa. Cómo extrañamos los enfrentamientos entre, por ejemplo, Marvin Hagler y Roberto Durán o entre, por ejemplo, Rubén Olivares y Jesús Chucho Castillo. Qué lástima hoy: el auge de los bailarines.