Sobre héroes y hazañas

Las razones del gato maula

La visión de la botella de vino Maula (de Tupungato, Mendoza) fungió como disparador para evocar al gran poeta y boxeador Celedonio Flores,el Negro Cele. Un poeta que escribió letras para tangos (ese “reptil de lupanar” como lo definió Leopoldo Lugones), letras no exentas de retranca maliciosa y erizadas por el lunfardo. En “Mano a mano” (1920), por ejemplo, destaca la voz “otario” que significa “tonto, fácil de engañar”. Es indicativo el título puesto por alguien que solía batirse frente a frente en los cuadriláteros, pero el asunto va más allá de la mera anécdota desnuda y merece una reflexión aparte. “Mano a mano”, interpretado por Carlos Gardel, es la historia de un hombre decepcionado por una mujer que ha “triunfado” y dadora en otro tiempo de gran amor al poeta y boxeador, como dice la ringla de versos de dieciséis sílabas con rima consonante “y yo sé que me has querido/como no quisiste a nadie/como no podrás querer”. El verso que precede al del gato maula posee una contundencia inobjetable: “Los morlacos del otario los tirás a la marchanta/como juega el gato maula con el mísero ratón”. Tira los morlacos del engañado al cliente y lo hace como juega el gato tramposo (maula) mal pagador con el mísero ratón. El remate del poema muestra a una persona con alma grande, magnánima pues: “Y mañana cuando seas descolado mueble viejo/y no tengas esperanzas en el pobre corazón,/si precisás una ayuda, si te hace falta un consejo,/acordate de este amigo que ha de jugarse el pellejo/pa ayudarte en lo que pueda cuando llegue la ocasión”. Comento el poema porque es infrecuente encontrar boxeadores que escriban y que lo hagan tan bien como fue el caso de Celedonio Flores quien, por cierto, nació en Buenos Aires en el barrio de Villa Crespo. El vino Maula, como ya dije, es de Tupungato, Mendoza. Esto me hizo pensar de inmediato en un gran boxeador que fracasaría contra Mantequilla Nápoles pero quien protagonizó un impresionante Mano a Mano contra Eduardo Tito Yanni: Horacio Saldaño, la Pantera Tucumana. Los privilegios de la memoria, y fue en el Luna Park de Buenos Aires en 1980. Cierro con este pasaje que no tiene desperdicio:

Nada debo agradecerte, mano a mano hemos quedado, no me importa lo que has hecho, lo que hacés ni lo que harás; los favores recibidos creo habértelos pagado/y si alguna deuda chica sin querer se me ha olvidado en la cuenta del otario que tenés se la cargás.