Sobre héroes y hazañas

La traición de Cupido

Acude con frecuencia a mi memoria un romance de Góngora. Como sabemos el cisne andaluz escribió su romancero en su mocedad, pero ya mostraba entonces el filo poético que habría de inmortalizarlo. 

El romance aludido es una perla, perdón por la rima consonante, dedicada a Cupido. Cupido, como en la correspondiente oda de Anacreonte, traiciona a quien le brinda alojo y beneplácito.

En una noche borrascosa el poeta abriga a Cupido quien, luego de haber cenado y luego de haber gozado de los cuidados amorosos de su benefactor, saca una flecha de su carcaj o aljaba y lanza la saeta hacia el corazón de quien le ha brindado asilo y confianza. Así es el amor: aleve, traidor, aniquilador de la confianza y del buen trato. 

Por ello Góngora, bástele el solo nombre por encomio como dijo Gracián, dice en sus versos elocuentes: “vendado que me has vendido” (con el sentido de vender campante en el siglo). Y despuntan las paradojas: “por el alma de tu madre,/-que murió siendo inmortal,/de envidia de mi señora-/que no me persigas más”. Y si Góngora dice: “Perdóname amor aquí,/cuatro escudos de paciencia” se refiere a los cuatro versos que inauguran la estancia. Y luego contundente el estribillo: “Déjame en paz, Amor tirano/déjame en paz”.  

¿Cuántos años tenía el vate cordobés cuando imaginó su romance? Bordeaba los veinte. El romance aludido, correlato de la oda de Anacreonte en atención a su asunto, se intitula como su verso inaugural: Ciego que apuntas y atinas.

Y la estrofa príncipe dice: “Ciego que apuntas y atinas,/caduco dios y rapaz,/vendado que me has vendido,/y niño mayor de edad,/por el alma de tu madre,/-que murió siendo inmortal,/de envidia de mi señora-/que no me persigas más./Déjame en paz, Amor tirano/déjame en paz.”. Despunta la paronomasia “vendado que me has vendido”.

El amor es ciego como lo pinta la tradición occidental, pero asesta sus dardos con ejemplar clarividencia. Y mata a quien lo cuida, apapacha, achucha y alimenta: Anacreonte y Góngora lo sabían. Una lección de vida.Acude con frecuencia a mi memoria un romance de Góngora. 


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