Sobre héroes y hazañas

Los sinónimos del cuentachiles

Podemos dividir los sinónimos del cuentachiles en dos grandes brazos: los populares  y con arraigo y los cultismos sin arraigo. Debo decir que el diccionario de la RAE define amarrete como amarrado (avaro), esto es, gente que reserva, oculta o escatima algo, especialmente el dinero.

Entre nosotros circula con frecuencia la voz codo o, aunque el diccionario no la registre con esta acepción, también aparece en ciertas regiones de México el adjetivo macana como sinónimo de ruin, miserable, pichicato o mezquino. 

En su explicación de la voz pichicato los diccionarios dicen que es voquible con vivacidad en Honduras y en México y lo emparientan con la voz cicatero, que me parece perteneciente al ámbito de los cultismos y que, además, Corominas relaciona con la acción de regatear por parte de quien compra o vende y de donde desliza el adjetivo regatón, a saber: “que vende al por menor los comestibles comprados al por mayor”.

La segunda acepción de la palabra mezquino, para Sebastián de Covarrubias, es la siguiente: “el hombre miserable y apretado que, teniendo para sí y aún para los otros, no osa comer, y vive con gran miseria”.  Una voz aún más rara, escasa entre nosotros y quizá jamás oída por quien estas líneas recorre es la enfática  zarracatín  definida como “regatón que procura comprar barato y vender caro”. En algunas zonas del norte de México he escuchado marro con este mismo sentido, acaso como una forma  apocopada de amarrete o amarrado.

El diccionario de la RAE sí registra, ¡y cómo no!, el delicioso mexicanismo cuentachiles, inexistente en Corominas y en Covarrubias, de los cuales me sirvo. Por cierto, en el apartado concerniente al verbo contar Sebastián de Covarrubias ofrece un simpático refrán alusivo al empate entre lo que se recibe y lo que se gasta: “A cuentas viejas, barajas nuevas”.  Cuentachiles, afirma el diccionario, tiene voces semejantes  en cicatero o mezquino. 

Cierro esta apresurada reflexión sobre los sinónimos del cuentachiles con una palabra que escuché en Madrid, jamás en México: rácano, de donde se desprende el único palíndromo  posible con ese adjetivo: “sol rácano dona Carlos”. 


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