Sobre héroes y hazañas

La serie Glee y la enfermedad de Méniere

Próspero Méniere no se mareó con los oros falsos de la fama, como decía Lezama Lima, y pudo consagrarse a estudiar el oído no por placer sino como obligación según afirmó él mismo. Heredero de las aportaciones de Jean Itard, Meniere descubrió que el nervio acústico es responsable de la audición pero también del  equilibrio. Meniere, nacido en Angers, provenía de una familia adinerada y su tenacidad le granjeó la dirección del instituto Imperial de Sordomudos en París. Méniere dedicó más de 20 años a estudiar los pliegues y repliegues del oído con el énfasis puesto en el interno también llamado laberinto y que, como sabemos, se aloja en el hueso temporal y posee ventanas (oval y circular), canales (frontal, posterior y horizontal), vestíbulo y cóclea.  Del apellido del médico francés se desprende la enfermedad o síndrome que se caracteriza por la existencia de ruidos: el espectro va del bisbiseo a los ruidos blancos comprendidos todos ellos en la palabra tinnitus. Se trata de ruidos que, a semejanza de la angustia, son percibidos sin que procedan de alguna fuente externa. El diagnóstico diferencial de la enfermedad comprende pérdida de la audición, náuseas, mareos, sudor frío y, sobre todo, vértigo. La sobreproducción de endolinfa inflama el laberinto; entonces sobrevienen ataques cuya incidencia es recurrente y veleidosa Meniere era un hombre culto que no sólo estudio el oído pues era experto en el examen y en la descripción de, por ejemplo, las orquídeas. Mantuvo Méniere relación intensa con los intelectuales más prestigiosos de la época, Balzac incluso. Se sabe asimismo que Meniere trabó amistad con su tocayo Merimee, una de cuyas obras se intituló La guzla, instrumento músico de una sola cuerda de crin. Sería interesante saber si la voz tinnitus comprende sonidos semejantes a los producidos por las guzlas. Se dice que Meniere fue retratado por Balzac en un pasaje de La piel de zapa, la novela que describe el encogimiento de la cuerda vital humana con la metáfora de una tela. Se trata del Dr. Horace Bianchon, trasposición nítida de Meniere en la novela. Aparerce aun en Papa Goriot y en Las ilusiones perdidas.            Los ataques de la enfermedad de Meniere inciden en un solo oído y su duración oscila entre veinte minutos y veinticuatro horas. El signo patognomónico, como ya dije, es el vértigo. Es indudable que el síndrome posee un componente psicosomático y que, además, sus síntomas se acentúan en periodos de gran estrés o de sobrecarga laboral. Resulta irónica esta enfermedad cuando es padecida por alguien como Kristin Chenoweth, cantante de la afamada serie de televisión Glee. En su cuenta de túiter la guapa actriz  escribió: “Ay, la enfermedad de Méniere, me encantaría acabar con ella”. 


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