Sobre héroes y hazañas

La sabiduría poliédrica de Albrecht von Haller

El cóledoco o conducto biliar común, avisan los libros de medicina, es la confluencia del hepático común y el cístico. En atención a sus étimos colédoco significa “conducción de la bilis”, y me hizo pensar en la ámpula de Vater. La ampolla de Vater debe su nombre al gran anatomista Abraham Vater. Este puntal de la medicina potenció su fama gracias a los buenos oficios del último genio universal: Albrecht von Haller.
En el pórtico de la Universidad de Berna descuella un estatua en honor de von Haller y erigida por H. Siegwart. Para calibrar el fuste intelectual de von Haller pensemos en la clasificación del polémico pensador Dietrich Schwanitz, quien fue encontrado muerto (2004) en el piso de su casa tras un prolongado autoexilio, y taxonomista del lenguaje: Albrecht von Haller –explicó Dietrich- ha sido una de las mentes mejor amuebladas en la historia de la humanidad: poeta, padre de la fisiología, botánico, narrador y polígrafo.
En el territorio de la lírica sobresale su obra Los alpes. El poema comprende 49 estrofas de rigurosos alejandrinos y retrata la vida de quienes moran en el corazón de las montañas. Retrata, asimismo, el paisaje nudo  donde habita el salvaje alpino: “Vive en paz, pueblo satisfecho, da gracias al destino/que te rehusó la abundancia, fuente de todos los vicios./A quienes están contentos con su suerte/la pobreza misma aumenta sus delicias/mientras que el fasto y el lujo merman los fundamentos de los Estados”.
 Imagino al gran sabio observando, con esa mirada crítica acicular, los cuerpos de sus autopsias con la misma dedicación y perspicacia con que contemplaba los Alpes suizos. El bernés es autor, además, de una frase explícita y alentadora para quienes  dimensionan el verdadero relieve de la ciencia médica: “un poema puede entretenerte quince minutos; la sabiduría del médico puede salvarte la vida”.
Para tener una idea clara acerca de la insomne curiosidad intelectual de von Haller basta decir que poseyó la biblioteca privada más grande del siglo XVIII europeo: 12 400 volúmenes.  En ninguno de los libros de esa enorme galaxia Gutenberg von Haller encontró la reposada sensatez de los pastores alpinos quienes “aprenden cómo obrar con rectitud en la vida gracias al corazón y no gracias al cerebro”.
Numerosos adminículos de la maquinaria humana llevan el apellido Haller. Acaso el más famoso sea “el asa de Haller”: lugar de encuentro o anastomosis de los nervios facial y glosofaríngeo.
Un múltiple asedio a la hercúlea labor científica de Haller es el copiosísimo epistolario con las inteligencias más avispadas de su época.
Hasta aquí el acercamiento a la vida y a la obra del gran Albrecht von Haller, el de la sabiduría poliédrica.


gilpradogalan@gmail.com