Sobre héroes y hazañas

La resurrección y el polígono de Willis

Atribulado por la muerte de seis de sus ocho hijos Thomas Willis, el gran médico inglés, relee con fruición las páginas de su libro Cerebri anatome, donde describe de manera magistral esa retícula arterial en la base del cerebro responsable de la pertinente oxigenación del órgano que preside nuestras vidas. Se trata de red heptagonal que urde anastomosis múltiple para compensar los posibles desperfectos o las engorrosas estenosis (estrechamientos vasculares). Perseguido por el perro amargo de la envidia, como lo pinta el emblemista mayor Alciato,  Thomas Willis prosigue su trabajo ajeno a la maledicencia. Afirman, por ejemplo, que el polígono fue explicado con antelación por J. Casserius (1627). Aseveran también que Willis es anglicano y monárquico, y que sus hallazgos son menores. Para dimensionar el relieve portentoso del padre de la Anatomía Comparada pensemos en los epónimos que se desprenden de su apellido. Las enfermedades de Willis, fiebre puerperal, diabetes mellitus, meningitis, narcolepsia y ese paradojal y curioso padecimiento que hace que una persona oiga con más nitidez cuando el ruido aumenta y que en ambientes quietos esté imposibilitada para escuchar: paracusia de Willis por daño o afectación del oído medio.Willis ha escrito asimismo Pathologicae cerebri y De anima brutorum. Favorecido por el mecenazgo del arzobispo de Canterbury Gilbert Sheldon, a quien dedica sus libros, Thomas Willis goza de fama creciente y potenciada por un caso increíble. Anne Greene, la mucama de sir Thomas Reade, es seducida por el nieto de sir Thomas y tiene un hijo que nace muerto. Acusada de asesinar a su vástago es llevada a la horca el 14 de diciembre de 1650. Tras el suplicio de la horca, el cuerpo de Anne Greene es conducido a la mesa de disección de Willis quien, azorado, advierte que la mujer aún respira. Las expertas manos del anatomista empiezan una progresiva tarea que bordea la magia de la resurrección. A las 12 horas de intervención la señorita Greene profiere sus primeras palabras en un nuevo mundo. Dos días después recupera la memoria pero olvida el episodio de la horca. Al cabo de un mes Anne Greene ha sido aliviada por completo y habría de vivir hasta 1665, esto es, quince años desde la fallida ejecución, y todo gracias a los buenos oficios de Thomas Willis, el descriptor del polígono arterial.Víctima de pleuresía el inglés disector desfallece en su lecho mortuorio. Tiene sólo 54 años y ha perdido seis hijos y una mujer en su extraordinaria travesía existencial. Es 1675 y la hermana menor de Anne Greene  traza el signo de la cruz en la frente del médico. Las arterias del polígono ya no irrigan los capilares del cerebro de Thomas Willis, el genio de la anatomía. 


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