Sobre héroes y hazañas

El puente entre Rousseau y Rawls

El espíritu indagador de Joaquín Moya se ha reflejado con nitidez en trabajos previos donde ha puesto en marcha una manera de pensar la realidad desde las márgenes, desde las orillas menos comedidas y más ignoradas: tender puentes entre el golf y John Locke fue empresa hercúlea, de poderosa raíz, donde Moya puso en práctica su afamada y filosa moyéutica, un modo distinto de encarar los fenómenos filosóficos, una forma discursiva no exenta de humor y de ingenio: John Locke, los límites de la razón y el golf (ArteletrA).

Si hubiese eternidad no bastaría para agradecer a Dios tanta fortuna, dice Moya con gratitud inflexible y con una certidumbre racional alimentada por la intuición estética.

Montado en una afirmación vital a todo tren, dueño de una vigoroso abanico de ocurrencias y de gracejadas que mantienen el ánimo lúcido y lúdico, la imaginación moyéutica se ha impuesto, en la paráfrasis del poeta, la gozosa penitencia de reunir en un mismo barco las aventuras intelectuales de dos himalayas filosóficos: Jacobo Rousseau y John Rawls. Europa abraza al continente americano en la busca de conjunciones y disyunciones enderezadas a la procura de la justicia social desde una perspectiva disímbola: el contrato social genuino y genesíaco frente al otro contrato o acuerdo para abatir las desigualdades e injusticias y fraguar el espacio libre para un mundo mejor, a pesar del malhadado encono y de las grandes mezquindades del tiempo que habitamos.

Cito:

“Sobre las expectativas derivadas de las condiciones del con­senso, Rawls establece reglas básicas de obediencia voluntaria, donde el papel distintivo de sus concepciones de justicia deter­mina los derechos y deberes básicos, así como las proporciones distributivas, ya que el objeto general de la obra es generar jus­ticia social. Y el objeto primario es crear la estructura básica de la sociedad.

Ahora bien, ya sea que Rousseau llegue al contrato social y Rawls continúe desde él, habrá que puntualizar conceptos que aunque coincidentes en su estructura tienen diferentes conteni­dos y orígenes: libertad, igualdad, justicia y voluntad.”

El puente entre Rousseau y Rawls es un delicioso banquete reflexivo para paladares de inaplazable exigencia: un abordaje sentí-racional múltiple que logra el diálogo entre los filósofos sin soslayar o preterir sus a veces insalvables diferencias. Joaquín Moya ha sabido zurcir voluntades y abrir esclusas al entendimiento no para un mero advertir, sino para explorar las posibilidades de una vida humana más digna, más allá de las modas y de los tecnicismos al uso. El paseo por los jardines pensantes de varios filósofos es placentero. A leer y a brindar. Recordemos la frase de Moye: “La metafísica la dejamos para el bar”.

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