Sobre héroes y hazañas

Las peripecias del cubil

Descubrí la palabra cubil, esto es, leí por vez primera esa palabra en el poema “Hospitalidad” de Amado Nervo: “El pájaro tiene nido/cubil el raposo halló”. Y se refiere a la falta de hospitalidad brindada a Cristo en los tiempos modernos.

El diccionario de la RAE define escuetamente cubil: “Sitio donde los animales, principalmente las fieras, se recogen para dormir”. Covarrubias no registra la palabra, pero registra, eso sí, una de las acepciones de cuba: “Al que tiene gran tripa y es bebedor, decimos ser una cuba”.

Cubil, en cambio, aparece en Corominas: “Sitio donde las bestias silvestres se recogen para dormir”. Del latín cubile, lecho; cubare acostarse. También María Moliner: “Lugar cubierto, por ejemplo una cueva, que sirve de vivienda a las fieras”.

Retorno al poema de Nervo: “En las moradas humanas/ya tan solo caben hoy/la vanidad, el deseo/voluptuoso y la ambición”. En la franja del poema antes citado aparece la palabra raposo: “cubil el raposo halló”,  bello hipérbaton: el raposo halló cubil y sus palíndromos: Oso pare raposo/Oso para raposo. Raposo: zorro, es decir, el macho de la zorra.

Corominas aporta además un refrán relacionado con la paciencia y muy elocuente: “A los años mil vuelve el agua a su cubil”.

Quiere decir: tengamos paciencia que la naturalidad espontánea de las cosas volverá a su cauce.

Es cierto que la palabra cubil tiene resonancia evidente con la voz cuba, copa, alojamiento, recipiente. El común denominador habla de lugar, guarida o morada, para las fieras. María Moliner agrega que cubil también vale como “cauce de una corriente de agua”. Y entonces cobra y gana sentido el refrán comentado por Corominas. Dos acepciones galopan: albergue de fieras y cauce de corriente de agua.

Ambas ven al cubil como una concavidad hospitalaria, como un recipiente cariñoso que desemboca en cubilete, con el dejo despectivo de la sufijación en ete.

Al fin Nervo me acompaña en esta reflexión apresurada: “El pájaro tiene nido,/cubil el raposo halló,/y tú en cambio vas expuesto/a la intemperie, al horror/de las noches congeladas/a tanto abandono…/Yo/No valgo dos cuartos, Cristo:/mi corazón (tú mejor que/ nadie lo sabe) tiene/poco espacio y poco sol”.  


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